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“La mirada joven” 

¿Merece la pena dedicar los mejores años de mi vida a los estudios universitarios?

Parece que cuando te plantean esta pregunta la respuesta inmediata es sí. ¿Por qué? porque “es lo que toca”, para conseguir en un futuro una buena situación social, un buen puesto de trabajo, éxito, orgullo propio, para realizarse y ser feliz… Pero en cuanto me paré dos segundos a pensar, me surgió la pregunta: ¿De verdad merece la pena estar años entre libros por estas cosas? ¿De verdad estas metas perduran y me hacen feliz? ¿Merece la pena ponerme en el centro de mi vida, como mi propio dios, pero un dios que fracasa y no puede llenar ese deseo de infinito que tiene el hombre? No, esto no me llena, para esto yo no dedico años de mi vida. Entonces, ¿por qué estudio? Para formarme, para conocer la realidad del mundo y la de mi ser: ¿quién soy?, ¿por qué soy?, ¿quién me ha puesto aquí? Pues los estudios universitarios no son sólo la carrera, es una búsqueda constante de la realidad. Estudio para empaparme de la verdad que voy encontrando en mi vida y poder transmitirla en mi futuro ambiente laboral, con eficacia, prudencia y audacia. Para que ese éxito, que antes nombraba, esté al servicio del verdadero Camino, la Verdad y la Vida y pueda influir y ayudar a tantas personas que viven sin sentido aparente ni felicidad. Para esto sí, sí que merece la pena dedicar los mejores años de mi vida.

María Velasco Márquez 19 años, 1.º de Filología Hispánica, UCM

 

Cuando me invitaron a compartir mi testimonio, la pregunta que me plantearon fue “si merece o no la pena dedicar mis mejores años a los estudios universitarios, con el esfuerzo que conlleva”. Pues bien, estoy convencido, desde mi experiencia personal, de que serán mis mejores años, gracias precisamente a la Universidad. Estoy descubriendo que vivir a fondo la Universidad implica colocarse de una determinada manera en el mundo, es ver las cosas de una forma nueva, dependiendo de cada carrera, que tiene sus consecuencias, queramos o no, en nuestra vida cotidiana; es toda una formación en su sentido literal, es dar forma a un nuevo modo de vida. Estudio Arquitectura, he empezado este año, sin saber muy bien qué me iba a encontrar, y ya estoy convencido de que esto es lo que tengo que hacer. ¿Por qué? Porque un arquitecto, cuando entra en cualquier sitio, piensa qué tiene de bueno o de malo ese lugar e imagina cómo podría mejorarlo para hacer que funcione mejor y, por tanto, que las personas que lo utilicen estén más a gusto. Esta “mentalidad de arquitecto”, aplicada a mi vida cotidiana, me facilita que, esté donde esté, me plantee qué podría hacer yo para conseguir que la vida de los que están a mi alrededor fuera más agradable; para construir un mundo mejor. Y esta idea es la que hace que el esfuerzo merezca la pena, la que consigue que incluso disfrute durante esas noches en vela en las que hay que acabar apresuradamente la entrega para el día siguiente, esta es la idea que me da sentido. Cada cual encontrará el suyo particular para su esfuerzo determinado, pero casi siempre éste será agradecido y se tornará gratificante.

José María Sánchez Laforet 18 años, 1.º de Arquitectura, UPM

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