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La Navidad, en las palabras de nuestros obispos 

El Señor está cerca

El Señor siempre está cerca: ha venido, viene y vendrá. Cada Navidad es un milagro orientado a despertar la fe y la alegría, por encima de sentimentalismos o de un materialismo tristón. Los obispos españoles nos ayudan a abrir los ojos, porque nuestro corazón siempre pide más
La paz de Dios
Si el Señor siempre está cerca después de su primera venida en la humildad de nuestra carne, también lo está en este momento preciso de la Historia: ¡en nuestro tiempo! Tiempo de crisis, en que el poder del mal se presenta como tan formidable que toda invitación a vivir esta hora tan difícil y tan dolorosa para tantas personas y tantas familias podría parecer una ingenuidad falaz. Sin embargo, el Señor nos va, de nuevo, a nacer en lo más hondo del corazón de cada uno de nosotros, de nuestra familia y de nuestro pueblo si nos preparamos para recibirlo con la oración y la súplica, buscando en el sacramento de la Penitencia, arrepentidos de nuestras infidelidades, su perdón y su fuerza: la paz de Dios. Esa paz que custodiará nuestros corazones en Cristo Jesús.
+ Antonio María Rouco Varela
cardenal arzobispo de Madrid
¿De qué nos salva Dios?

¿Por qué la venida de Cristo, celebrada en la Navidad, constituye el acontecimiento más grande de la historia humana? Cristo establece la prioridad del perdón de los pecados como fundamento de toda verdadera curación del hombre. ¿Acaso no le había dicho el ángel a José estas palabras?: María dará a luz a un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados. Dicho con palabras del Papa, Jesús quiere, en primer lugar, «llamar la atención del hombre sobre el núcleo de su mal y hacerle comprender: Si no eres curado en esto, por muy buenas que sean las cosas que puedas encontrar, no estarás verdaderamente curado» (La infancia de Jesús, 50).

+ Manuel Ureña
arzobispo de Zaragoza
El perdón, el mejor regalo

Nuestra alegría no se cifra ni en las vacaciones, ni en las reuniones familiares propias de los días de Navidad, ni en el consumismo y el derroche, que ofende a los pobres. La raíz profunda de nuestra alegría es el Enmanuel, el Dios con nosotros. Todo lo demás es insignificante ante la luz de su presencia y la belleza de los dones que nos trae. Con el Señor no hay temor, ni tristeza, ni llanto, ni dolor, ni miedo, ni inseguridad. Él nos conoce, nos comprende, nos acompaña y guía nuestra vida. Él nos perdona siempre, sin rastro de resentimiento. La alegría de sentirnos perdonados y poder comenzar de nuevo no es comparable con el placer que nos brindan las cosas materiales que nos sugieren los reclamos publicitarios. Preparémonos, pues, intensamente a recibirle. Apresurémonos a limpiar nuestro corazón para que viva en nosotros y sea el único Señor de nuestras vidas.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
arzobispo de Sevilla
Presencia de san José

San José es el esposo bondadoso de María, hombre de fe, justo y respetuoso, que tiene la misión de custodiar a aquel Niño que nace rodeado de misterio. Él nos enseña a acercarnos con respeto y reverencia a Cristo, a acogerlo, ya que vino a su casa, y los suyos no le recibieron. En el pesebre, siempre lo encontramos admirando, contemplando, meditando silencioso a los pies de Jesús y de María, ocupando un lugar humilde, y siempre atendiendo activamente a quienes buscan a Jesús…

+ Joan E. Vives
obispo de Urgell
La alegría que no da el mundo

Navidad es Jesucristo, el fruto bendito del vientre virginal de María. Él viene a salvarnos, en primer lugar, del pecado, que es la mayor desgracia y ruina del hombre. A salvarnos de la muerte eterna, del infierno al que nos conducen nuestros pecados, encerrándonos en nosotros mismos e incapacitándonos para amar.

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca. La vida cristiana no es una vida triste. La vida cristiana tiene motivos para estar siempre alegre: el Señor está cerca. No se trata de una alegría bullanguera, ni de la alegría efímera de quien se pone cualquier elemento externo que le aliena -droga, alcohol, comilonas, etc.- y le deja más hundido que antes. La alegría cristiana brota de dentro y se alimenta de Dios. La alegría cristiana es gratuita. La alegría cristiana produce paz y gozo en el alma. El mundo que nos rodea no puede darnos esa alegría, porque no la tiene.

+ Demetrio Fernández
obispo de Córdoba
Sobriedad

La sobriedad es necesaria para preparar bien la Navidad. Es una condición indispensable para que emerja en nosotros el anhelo de lo que todavía no poseemos. La esperanza no se vive en la hartura de las satisfacciones o de los bienes. La hartura produce embotamiento y hastío. También produce autosuficiencia.

La hartura nos hace insensibles a los necesitados. Es difícil imaginarnos la necesidad de los demás cuando nos acorazamos en nuestro propio tener y retener. El corazón harto se vuelve desentendidamente frío y duro ante la indigencia de los demás.

+ Vicente Jiménez Zamora
obispo de Santander

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