Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|miércoles, noviembre 20, 2019
  • Siguenos!

La noche de las noches 

Esta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos. (Del Pregón Pascual)

Se aquieta el rumor afónico y denso en la negrura de la celda. Los dinteles de las puertas ensangrentados, los hatillos aviados, las tortas de pan ácimo aún calientes apiladas entre paños; los niños, incluso los más pequeños, inmóviles y con los ojos clavados en el silencio como escrutando el aire difuminado. Están ceñidos los lomos, calzados los pies. Va a ser herida la tierra. De su soberbia nacerá la liberación. Oíd, y no entendáis; ved, y no reconozcáis.

Pasa la noche muy lenta, sin excusas, sin tiempo, porque el tiempo se ha paralizado. Porque en esta noche el curso se ha detenido. Toda la creación aguarda expectante. En la cercana brisa amanece la luz abrasando la estancia; se alzan, puertas, vuestros dinteles; ¡levantaos, eternos portales! Descerrajadas las jambas, rotas las cadenas y descoyuntadas las rejas, resurge en la esclavitud una vía, un camino de salvación para los pobres.

En esta noche se funde toda la historia en el perdón sin límite; se inunda la humanidad en el amor sin límite; se incorpora el orbe entero a la belleza sin límite. El infierno se hunde en su lava; engulle el leviatán su propio veneno, y su vasallo, el faraón, exuda inmóvil la espuma de la agonía. No se puede levantar.

La jerarquía celeste exulta por la victoria; la tierra goza radiante con el fulgor de la nueva luz, liberada de la confusa tiniebla. Porque se ha cancelado la deuda de Adán.

Se inmola el verdadero Cordero, y, en su sangre, el universo se exime de la antigua culpa. En esta noche Cristo asciende victorioso del abismo. ¡Qué vano haber nacido si no hubiéramos sido rescatados!

¡Dónde se ha oído que un padre entregue a su único hijo para salvar al esclavo!

Es la noche alba de los tiempos, donde se abrasa el odio, la mentira naufraga, la escoria es elevada, la soberbia anonadada, la humillación enaltecida y toda la violencia, acumulada por el antiguo aguijón, aplacada por el perdón sin límite. ¡Feliz culpa que mereció tan grande Redentor! Es la nueva mercabá, que nos arrastra a su paso con el fuego abrasador del Espíritu. Todo es nuevo. Pasó lo viejo. Están las puertas abiertas esperando la liberación. Que pase el Señor esta noche y nos lleve con Él, nos arrastre a un cielo nuevo y a una tierra nueva, una tierra donde mana la dulzura de Dios.

Esta noche es para los débiles, para los esclavos, para los frágiles, para los pobres, para los que no pueden con su vida, para los que se rompen, para los pecadores, para los que están agobiados, para los endebles y vacilantes, para los inseguros y cobardes, para los tristes, inválidos, codiciosos, iracundos, soberbios y lujuriosos, para los sometidos a cualquier droga, para los acomplejados, para los vagos y envidiosos, para los alejados, para los duros de corazón, para los tibios e indecisos, para todos los que están muertos por el pecado…, para todos nosotros.

En esta noche, el Ángel de Dios planea buscando hombres con la frente manchada de rojo deseando ser liberados de la servidumbre del faraón. Porque es la noche de la gratuidad, es la noche en que la humanidad entera está invitada a romper la lacra de la frustración.

Porque es la noche en que Cristo resucita de la muerte. Es la noche en que se nos da la posibilidad de resucitar con Cristo a una vida nueva. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

Añadir comentario