Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|miércoles, marzo 20, 2019
  • Siguenos!

La receta de Benedicto XVI para la Iglesia: distanciarse del mundo 

Fue el 25 de septiembre de 2011 en el Konzerthaus de Friburgo, durante un Viaje Apostólico de 4 días que Benedicto XVI realizó a su país natal. Un discurso histórico, en el que Ratzinger se pregunta, ante el desplome de practica religiosa, si debe cambiar la Iglesia, si debe, tal vez, adaptarse al tiempo presente.

Durante el discurso el Papa se pregunta cómo se debe configurar concretamente ese cambio en la Iglesia, “¿Se trata tal vez de una renovación como la que emprende, por ejemplo, un propietario mediante la reestructuración o pintura de su edificio? ¿O acaso se trata de una corrección, para retomar el rumbo y recorrer de modo más directo y expeditivo un camino?” cuestionó el Papa alemán.

El motivo fundamental del cambio “consiste en la misión apostólica de los discípulos y de la Iglesia misma”, dijo el pontífice, y la Iglesia, añadió, “debe verificar constantemente su fidelidad a esta misión”. Para cumplir su misión, dice Benedicto, “deberá continuamente también tomar distancias respecto a su entorno, deberá, por decirlo así, desligarse del mundo”.

La Iglesia “no posee nada por sí misma ante Aquel que la ha fundado, de modo que se pudiera decir: ¡La hemos hecho muy bien!” Su sentido consiste en ser “instrumento de la redención, en dejarse impregnar por la Palabra de Dios y en introducir al mundo en la unión de amor con Dios”, dice Ratzinger. Benedicto XVI continua diciendo que cuando es realmente “Ella misma”, está siempre en movimiento, al servicio  de la misión que ha recibido del Señor. Por ello debe abrirse y dedicarse sin reservas a las preocupaciones del mundo.

“En el desarrollo histórico de la Iglesia se manifiesta, sin embargo, también una tendencia contraria” asegura el Papa, “la de una Iglesia satisfecha de sí misma, que se acomoda en este mundo, es autosuficiente y se adapta a los criterios del mundo”.  De este modo al Papa no le extraña que dé mayor importancia “a la organización y a la institucionalización”, que no a su llamada de estar “abierta a Dios y a abrir el mundo hacia el prójimo”.

Para corresponder a su verdadera tarea, según el Papa Emérito, la Iglesia “debe hacer una y otra vez el esfuerzo de desprenderse de esta secularización suya”, en cierto sentido, añade, “la historia viene en ayuda de la Iglesia a través de distintas épocas de secularización que han contribuido en modo esencial a su purificación y reforma interior”.

Las secularizaciones, ya consistan en expropiaciones de bienes de la Iglesia o en supresión de privilegios o cosas similares, continúa Benedicto XVI “han significado siempre una profunda liberación de la Iglesia de formas mundanas: se despoja, por decirlo así, de su riqueza terrena y vuelve a abrazar plenamente su pobreza terrena”. Separándose de sus lazos materiales “su obra misionera volvía a ser creíble”.

El testimonio misionero de la Iglesia “desprendida del mundo” resulta más claro, prosigue Ratzinger, “liberada de fardos y privilegios materiales y políticos” la Iglesia puede dedicarse mejor y de manera genuinamente cristiana al mundo entero.

La Iglesia se abre al mundo, “no para obtener la adhesión de los hombres a una institución con sus propias pretensiones de poder”, sino más bien para “hacerles entrar en sí mismos y conducirlos” hacia Dios. El Papa deja claro que no se trata de encontrar una nueva táctica para “relanzar la Iglesia” sino que se trata más bien de dejar “todo lo que es mera táctica y buscar la plena sinceridad”, quitando lo que “sólo aparentemente es fe, pero que en realidad no es más que convención y costumbre”.

Para el hombre, sigue Su Santidad, “la fe cristiana es siempre un escándalo”, creer que el Dios eterno se preocupa de los seres humanos, nos conoce, es accesible, ha sufrido y muerto en la cruz, que se nos haya prometido la resurrección y la vida eterna, “es sin duda una auténtica osadía”. Este escándalo “ha sido desgraciadamente  ensombrecido recientemente por los dolorosos escándalos de los anunciadores de la fe” dijo el Papa.

Por último dice que hay una razón más para buscar ese distanciamiento del mundo desprendiéndose de lo mundano que hay en la Iglesia. Dice que una Iglesia “aligerada de los elementos mundanos” es capaz de comunicar a los hombres “también en el ámbito social y caritativo”, la particular fuerza vital de la fe cristiana. Incluso las obras caritativas de la Iglesia deben “prestar una atención constante” a la exigencia de un “adecuado distanciamiento del mundo” para evitar que, ante un creciente alejamiento de la Iglesia, “sus raíces se sequen”, Dijo Benedicto.

“Sólo la profunda relación con Dios hace posible una plena atención al hombre, del mismo modo que sin una atención al prójimo se empobrece la relación con Dios”, concluyó el Papa alemán, antes de bendecir y agradecer a su auditorio la atención mostrada.

Añadir comentario