Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|viernes, abril 23, 2021
  • Siguenos!

La rutina del corazón 
03 de Febrero
Por José Manuel Mora Fandos

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.

Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?». Y se escandalizaban a cuenta de él.

Les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando (San Marcos 6, 1-6).

COMENTARIO

Que el corazón humano tiene una gran facilidad para la rutina es una verdad de la experiencia. Y uno de los problemas de la rutina del corazón es que cambia la mirada, la comprensión del mundo, de los otros, de nosotros mismos. La mirada la dirige el corazón. Y si el corazón en la rutina, en las cuatro simplificaciones a las que ha ido reduciendo la vida, para estar seguro, para no exponerse, para no sufrir, para tener siempre razón, entonces la mirada se resiste ante la novedad que pide apertura y confianza. En la escena del Evangelio de hoy, los que conocían desde hacía tiempo a Jesús se escandalizan de verle con una sabiduría y un poder nuevos en Él… y posiblemente porque ellos no los tenían. Si Jesús hablaba y actuaba así, debía de haber truco, o algo peor. Las cosas humanas, para quien ha caído en la rutina del corazón, tienen un fondo triste, fatalista. Nada puede cambiar. Por eso, cuando despunta el bien inesperado, cuando se abren posibilidades de auténtica vida, hay que negarlo. “El bien no puede ser, lo mejor no es posible”. No pudo hacer allí Jesús ningún milagro. Qué actitud tan tremenda, que le ata las manos al mismo Dios. Pero Jesús “recorría los pueblos de alrededor enseñando”, siguió en el camino, era el Camino. Y sigue en el camino, como esperanza de vida nueva para todos los corazones.

Añadir comentario