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La semilla y el proyecto de Dios 
28 de enero
Por Germán Martínez

«En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y el gentío se quedó en la orilla. Les enseñó mucho rato con parábolas, como él solía enseñar: “Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron, lo ahogaron, y no dio grano. El resto cayó en tierra buena: nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno”. Y añadió: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas. Él les dijo: “A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que 6 1 por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdonen”. Y añadió: “¿No entendéis esta parábola? ¿Pues, cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero, en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; al escucharla, la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y, cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, en seguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la simiente en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno”». (Mc 4,1-20)


Esta es la primera parábola de Jesús. La parábola, comparación o analogía, es una metáfora inspirada en la naturaleza o en la vida familiar o popular que trata de ilustrar el misterio de la vida en la persona humana. En este caso, la parábola del sembrador –bella, concisa y respetiva- nos presenta las vicisitudes y contradicciones aparentes en la construcción del Reino. Dios, o Jesús, a través de sus mensajeros, “siembra” el mundo con su Palabra liberadora y salvadora. Pero el fruto de su siembra es misteriosamente dispar.

En primer lugar, esta parábola va dirigida a aquellos primeros cristianos que esparcen la “semilla” de la Buena Nueva por su ancho mundo. Con frecuencia y aparentemente sin resultados positivos; pero finalmente la semilla produce frutos abundantes “y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno.” Hoy, en nuestra sociedad occidental secularizada, la parábola tiene plena aplicación respecto a nuestra construcción del proyecto de Dios (el Reino), y sin duda alguna también respecto a nuestro crecimiento espiritual como seguidores de Jesús.

El mismo Maestro nos da ya una catequesis del sentido de la parábola. Prestémosle atención. El desánimo, o nuestra dureza de corazón (u otros campos donde cae la semilla), son humanos pero no corresponden a la magnificencia de la providencia de Dios en nuestras vidas. El Maestro sigue sembrando en nuestros caminos diarios; está siempre a nuestro lado; nos revela “los misterios del Reino”.  Recibamos la simiente en la tierra buena de nuestra humildad: “Escuchan la Palabra, la aceptan y dan cosecha.”

Germán Martínez

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