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La ternura de Dios 
30 de Diciembre
Por Francisco Lerdo de Tejada

 

Cuando se retiraron los magos, el ángel del señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atacaban contra la vida del niño». Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.

Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno. (Mateo 2, 13-15. 19-23)

Es Navidad. Dejémonos vencer por la ternura de Dios. Es todo tan sencillo, tan fácil. No habría nada más que añadir ni que decir. Sobran las palabras. Lo que cuenta es Dios y su amor al hombre, el amor que Dios nos ha manifestado en este Niño  y el amor que nosotros debemos ofrendar a Dios.

La ternura de Dios quiebra las almas en Navidad. Es su ternura la que nos llama un año más a Belén para que allí encontremos lo esencial, aquello que es capaz de llenar una vida y todas las vidas.

Es la ternura la que ha hecho nacer a Dios en una cueva para que nada pueda frenar la llegada a Belén  de todos los que quieran acudir al portal a ser transformados en la felicidad y gozo divinos que irradia este Niño.

Porque en Belén caben todos: los ángeles y los pastores, los Magos, los ricos y los pobres, los orgullosos y los sencillos, los Santos y los pecadores…Basta que quieras ir y te pongas en camino. Basta que te sientas invitado, amado por Dios con un amor incondicional que te llama hacia sí a través de los suaves silbos amorosos de este Niño.

Dios está propicio, su misericordia siempre está propicia pero más aún en estos días en que Dios se ha hecho débil en un Niño. El desea venir a nuestras almas en una nueva oleada de gracia, de amor, de auténtica dicha.

¿Quién podrá, después de esta locura del amor de Dios que deja el seno trinitario para encerrarse en la pequeñez de lo humano, decir que Dios es cruel o que viene a amargarnos la vida? Los que así piensan ciertamente se engañan.

Dios se nos acerca en medio de bolas de Navidad, de Belenes, de mazapanes y polvorones…porque Dios se ha hecho amigo de lo humano para llevarnos a lo divino. Y el alma, tocada por la gracia, reconoce a su Señor que sabe venir al hombre tanto en medio de las alegrías como de las penas.

Tenemos que dejarnos sorprender por Dios. La Navidad es El. Todos podemos encontrarle cualesquiera sean las circunstancias fáciles o difíciles que atravesamos en este momento de nuestra vida. Dios convierte lo peor en lo mejor, lo mismo que convirtió el último pesebre de la tierra en el trono más excelso de la gracia que tuvo el Hijo de Dios.

Todo es fácil. Quizás demasiado fácil. Por eso muchos no encuentran el camino de Belén y se pierden por otras sendas. Es cuestión de ser sencillo, de volver a tener mirada de niños, de echar en tus ojos el colirio del amor de Dios para poder ver los designios maravillosos que el Señor tiene con cada uno de sus hijos.

Ojalá toda la humanidad se rindiera ante la ternura de Dios manifestada en su Hijo. Es sólo cuestión de querer, porque en Belén con María y con José es todo tan fácil…

Contemplemos el misterio y dejémonos vencer por la ternura de Dios cada año un poquito más, y un poquito más…hasta llegar por el Espíritu a ser renovados plenamente en el Hijo.

    Contemplemos el misterio y dejémonos vencer por la ternura de Dios. Si lo hacemos seremos felices nosotros y todos los nuestros. Y aunque haya cruces -porque también las hubo en la Santa Familia de Nazaret- el gozo siempre será mayor que el dolor. Son los secretos de Dios.

    José y María se dejaron vencer por la ternura de Dios y acogieron al Niño. Lo acogieron y se dejaron enseñar por El. No lo comprendieron todo pero lo aceptaron todo con fe, mucha fe. Lo perdieron todo: sin casa, sin amigos, perseguidos, extranjeros en tierra extraña, cansados por los caminos polvorientos, sufriendo hambre y fatigas, agotados bajo el ardiente sol y helados en las frías noches…cruces en el cuerpo y en el corazón  y una espada atravesando sus almas. Por El todo lo perdieron y lo estimaron en nada porque teniéndolo a El lo tenían todo. Lo perdieron todo menos el Amor manifestado en su Hijo Dios hecho hombre y el amor mutuo que se tenía esta trinidad de la tierra que fueron María, José y el Niño.

    Ellos nos enseñan. Fáltenos todo en la tierra menos el Amor con mayúsculas que es Dios y el amor mutuo. Si no carecemos de esto, todo será fácil, muy fácil. Aunque haya dificultades, cruces, todo, todo será muy pequeño e insignificante al lado del gran don de tener al Enmanuel, a Dios con nosotros, llenando nuestras vidas de aquel gozo que sólo Dios puede dar y que nada ni nadie nos podrá jamás arrebatar.

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