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Las aventuras de Tadeo Jones 

Película 3D: Las aventuras de Tadeo Jones. Dirección: Enrique Gato. País: España. Año: 2012. Duración: 92 min. Género: Animación, aventuras, comedia. Doblaje: Óscar Barberán (Tadeo), José Mota (Freddy), Michelle Jenner (Sara), José Corbacho (Freddy en la versión catalana). Guion: Javier Barreira, Gorka Magallón, Ignacio del Moral, Jordi Gasull y Neil Landau. Producción: Jordi Gasull, Nicolas Matji y Edmon Roch. Música: Zacarías M. de la Riva. Dirección artística: Juan José García Galocha. Distribuidora: Paramount pictures Spain. Estreno en España: 31 agosto 2012. Calificación por edades: Apta para todos los públicos.

Debido a una fortuita confusión, Tadeo, un albañil soñador, será tomado por un famoso arqueólogo y enviado a una expedición a Perú. Con la ayuda de su fiel perro Jeff, una intrépida profesora (Sara), un loro mudo y un buscavidas (Freddy), intentará salvar la mítica Ciudad Perdida de los Incas de una malvada corporación de cazatesoros.

Esta es la sinopsis —concretamente la que encontramos en la web oficial— de Las aventuras de Tadeo Jones, una película dotada de un ritmo de montaje y “rodaje” vertiginoso, dinámico y muy fresco. El film está repleto de planos y movimientos de cámara muy bien llevados, chorreantes de emoción. Los escenarios han sido modelados con cuidadoso detalle y un tratamiento de luz que los distingue con indiscutible belleza: un goce estético de superficie. No obstante, la caracterización visual de los personajes, sin ser muy deficiente, carece de la vida que respiran los decorados. A este leve desliz se suma la desafortunada elección de las voces, que, a lo largo de la película, hacen que el espectador se acuerde —para mal— del supervisor de doblaje. No ponemos en duda aquí la valía profesional de los actores escogidos, sino que, a nuestro parecer, el resultado final es poco satisfactorio.

abundancia de clichés

El guión —que es el germen antropológico y narrativo de cualquier film honesto; el eje vertebral de la cosmovisión presente en el espíritu de la obra— es uno de los grandes puntos débiles de la cinta. Digámoslo con suavidad: la historia es simple y plana. La línea de diálogo consiste en una colección de topicazos que suponen bofetada tras bofetada para cualquier espectador con un mínimo de sensibilidad. Por si esto no fuera suficiente, una colección de escenas conocidas de otras películas pueblan el argumento del film y, queriendo resultar simpáticos guiños al espectador, se tornan cansinos y anodinos.

Véase Indiana Jones (Tadeo Jones vive de las archiconocidas escenas de la saga); Tarzán (nos referimos a la lucha de Tarzán con el guepardo en la selva); y Señales (con los planos aéreos de las plantaciones marcadas por extraños trazos circulares), entre otras. Contrariamente a lo que se pueda pensar, en una entrevista publicada en Elperiódico.com, Enrique Gato, el director de la cinta, declaraba: «Siempre he tenido claro que no quería estar condicionado a la parodia»; a nuestro juicio, la intención y el resultado final no guardan correspondencia en dicho punto.

La pobre caracterización de los personajes es consecuencia de lo anteriormente dicho, con la honrosa excepción del peruano “vende trastos” y “buscavidas”. Sin embargo, gracias a este personaje —aunque secundario— la inquietante pregunta sobre “¿qué pasó en la sala de doblaje?” se hace más intensa que nunca. Es una de mis grandes dudas, ciertamente: ¿Cómo es posible que José Mota haya perpetrado una posesión infernal del personaje peruano en lugar de hacer un buen trabajo de doblaje, en los que es todo un maestro? Diremos a su favor que hay una frase en el film (sí, una frase en toda la película) en la que suena creíble: cuando adopta el acento peruano. En fin.

aventuras sin diversión

Digamos algo positivo: las escenas de acción son tan deslumbrantes como propensas al más que seguro videojuego que hará ganar suculentos dividendos a esta producción (enhorabuena a los responsables).

Tristemente, uno de los aspectos más reseñables de la película es de carácter industrial y extra-fílmico: tiene éxito en taquilla y goza de una distribución de blockbuster. Desde aquí, nuevamente, felicitamos a sus productores. Ya que hablamos de recaudación en salas, no es desleal el hacer mención a sus compañeras de taquilla, donde encontramos películas tan “atractivas” y originales como Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros o Los mercenarios 2. Sumamos a esto que el estreno ha llegado en 3D con una marea de niños sin horario escolar que cumplir. Lo dicho, enhorabuena a marketing y producción.

«Nuestro objetivo era hacer una película lo suficientemente buena y divertida para que fuera un éxito, tanto a nivel nacional como internacional, y que permitiera perpetuar la vida del estudio con otras producciones», explica su director, Enrique Gato.

Tomado como hecho aislado debo decir que en la sala en la que vi el film las risas pudieron contarse con los dedos de una mano. Además, mi acompañante se durmió; al despertar dijo: “¿De dónde ha salido esa momia?”. Sin rencores: nos alegramos por el estudio responsable del mencionado sopor, pues la recaudación en taquilla asegura la perpetuidad del mismo, disipando así los miedos de Enrique Gato (quien reconocía en una entrevista para ABC, refiriéndose a la respuesta del público en la cartelera: «No tenemos la más remota idea de qué puede pasar… ») y facilitando así la producción del siguiente proyecto, del cual tan solo sabemos que pinta bien.

Cuando el objetivo de un proyecto cinematográfico —es decir, un proyecto de naturaleza artística— es «hacer una película lo suficientemente buena y divertida para que fuera un éxito, tanto a nivel nacional como internacional» poco o nada nos extraña que el resultado fílmico final sea el que se ha exhibido en las pantallas de más de treinta países, incluyendo las cerca de 2.500 copias distribuidas en la República Popular de China. Conviene en este punto hacer una aclaración con respecto al cine de animación en la industria: la difícil combinación entre calidad artística del proyecto (buen guión, adecuada realización, decente propuesta antropológica) y competitividad económica del mismo es un secreto solo revelado a la agraciada Pixar y pocos más. Todavía nos queda mucho para engrosar las selectas filas de los iniciados en este camino.

entretenimiento para todos

Otro detalle en el que nos gustaría llamar la atención del lector es la calificación de la película: todos los públicos. Esto no impide que en el film aparezcan frases como: “Que te den” y “Estoy hasta los…”; además, tendremos ocasión de contemplar cómo  la coprotagonista, Sara, ha tenido que recurrir a un vestuario que comprende los shorts más cortos del mercado y una camiseta de gran escote (no vale la justificación de que es una reminiscencia de Lara Croft) para que Tadeo Jones comience a babear y ceda a la petición de su compañera. Los chistes de la película suelen ser de esta factura, si bien es cierto que no siempre en semejante tono. No compartimos la opinión popular (y mucho menos el criterio de calificación de los funcionarios responsables) que tiene a Las aventuras de Tadeo Jones por cine de aventuras para toda la familia. Bueno, quizá habría que aclarar que todo depende del nivel de decencia que se estile en esa familia, hoy día estas cosas ya no pueden darse por supuestas.

Tras lo dicho de Las aventuras de Tadeo Jones, y en líneas generales, compartimos la opinión de Javier Ocaña (El País): “España se anima. Estamos ante un salto, pero aún no ante el definitivo. Quizá sí en lo comercial, no en lo artístico”. También coincidimos con David Bernal (Cinemanía): “Puede satisfacer al espectador sin pretensiones, pero no al que busque arte, genio y corazón”. En efecto, nos encontramos ante un producto donde el argumento es una excusa para desplegar conocimientos y destreza técnica; tendencia de uso común —dicho sea de paso— cada vez más popular en la industria cinematográfica, mucho más interesada en los números de la taquilla que en la verdad poética (la verdad del hombre).

Ojalá Las aventuras de Tadeo Jones hubiera tenido una historia la mitad de valiosa y la mitad de bien contada (y la mitad de verdadera) que Arrugas (Ignacio Ferreras, 2011), un film de animación con menos fuegos artificiales pero mucho más acorde con eso que llamamos relato, historia, guión… Aprovechamos para recomendar encarecidamente esta deliciosa y entrañable película.

En la anteriormente menciona entrevista a Enrique Gato publicada en Elperiódico.com aparecen las siguientes declaraciones del director: «Lo que tenemos que hacer son filmes interesantes que hagan que el espectador piense: “Ha merecido la pena pagar la entrada”». Compartimos totalmente dicha opinión, y deseamos que su siguiente proyecto encarne este ideal en el sentido más excelso que atribuírsele puede. Asimismo, confiamos en que el director sea consciente del alcance de sus palabras.

Quien sepa hacer animación, que la haga; pero, quien no posea la suficiente destreza para escribir historias valiosas de noventa minutos de duración en pantalla (lo cual no es una agravio, a cada uno toca saber qué le es propio hacer y qué no), a ese le recomendamos amistosamente que contrate a los guionistas de Arrugas o  a quien sea menester para desarrollar tan importante labor (tan denostada).

Parece lógico, pero no. Tan solo en nuestro país cada año se ofertan cientos de cursos y talleres de escritura de guiones (academias de cine, universidades, institutos, escuelas de cine, etc.) para jóvenes que quieren escribir historias. Y, efectivamente, se les enseña a escribir guiones en el aspecto formal del oficio: los actos, los puntos de giro, la construcción de personajes y demás. Pero, en multitud de ocasiones, no se les ayuda a descubrir de qué manera (fascinante) esos mecanismos narrativos formales configuran una cosmovisión y posibilitan, o no, la trascendencia de la obra; esa trascendencia supone el paso de mero producto de consumo a obra de arte.

éxito comercial pero no cultural

Muchos hablan de éxito cultural español. Llamemos a las cosas por su nombre. Buñuel es un éxito cultural. Incluso J.L. Garci y su nuevo film, Holmes & Watson. Madrid days, tiene un hueco en la cultura cinematográfica española de nuestra década. Pero Tadeo Jones es un éxito comercial en una industria en la que de vez en cuando se hacen películas de gran calidad, y una inmensa mayoría constituyen el gana-pan-audiovisual de profesionales sin escrúpulos (morales) y faltos de verdadero compromiso de servicio a la sociedad.

Esto es así debido a que sus nociones sobre el ser humano tienen poco de humano. Más bien podríamos decir que existen ciertas nociones sobre el espectador, o el cliente, pero pocas sobre el ser humano; y las que hay se revelan vagas y reduccionistas. Las cosas por su nombre. Cuando perdemos la noción de la realidad de este modo corremos el riesgo de olvidar la esencia de términos tan importantes como el de “cultura”.

Contrariamente a la opinión expuesta en el presente escrito hay periodistas —Fausto Fernández (Fotogramas) es buena muestra de ello— para quienes este film de Enrique Gato «se podría decir, sin exagerar, que es la mejor película de animación española de la historia». ¿Por qué es la mejor? ¿Por la calidad de la animación? ¿Por la calidad del relato? ¿Por la profundidad antropológica de su propuesta? Continúa diciendo al socaire del personaje de Tadeo: «solvente ejemplo de personaje de cine de aventuras sin nada que envidiar a su referente».  Es decir, el profesor Jones.

Por si no quedase claro, no estamos de acuerdo con tan sin par celebración de la película, pero hemos creído conveniente prestar voz a opiniones diversas a la nuestra para dar a conocer otras sensibilidades y análisis en torno al tema que nos ocupa.

el futuro del cine español

Finalmente, nos gustaría alabar el encomiable trabajo del equipo de Las aventuras de Tadeo Jones y poner el acento en lo siguiente: esta película puede ser un tramo muy importante del recorrido hacia una verdadera industria del cine español. Aunque no es la película por la que desearíamos que se recuerde a nuestro cine de animación, estamos seguros de que será un empujón necesario, y del que estamos muy agradecidos quienes creemos que la cultura y el arte patrio tienen mucho que aportar al discurso cultural internacional.

En otra entrevista a Enrique Gato publicada en ABC le preguntan: «¿La ambición comercial tiene trascendencia cultural? Claro, porque coloca tu mensaje en el mundo». Suerte con el mensaje de la próxima.

Por eso son tres los motivos principales por los cuales Las aventuras de Tadeo Jones no ha engrosado la lista de P.E.T.E. (Películas Españolas de Tímido Estreno):  animación 3D sobresaliente, distribución y promoción internacional ambiciosas (como debe ser) y ausencia de películas competentes en el momento del estreno.

Arturo Encinas Cantalapiedra
Licenciado en Comunicación Audiovisual
Master en cinematografía

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