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Las `otras´ misas católicas que se celebran en España: tradicional romana, mozárabe y bizantina 

Resultado de la diversidad y de los dos milenios de vida de la Iglesia es la variedad de ritos litúrgicos. Recorremos los distintos tipos de celebraciones eucarísticas existentes dentro del catolicismo
La historia y particularidades de las diferentes liturgias eucarísticas no se encuentran sólo en libros viejos y exóticos países, sino que viven con plena pujanza en muchas parroquias españolas. Desde misas en latín hasta misas con cantos antiguos, vestimentas de seda dorada e incienso.
La catolicidad de la Iglesia –es decir, su universalidad– se manifiesta, entre otros rasgos, en su diversidad. Decía Juan Pablo II que «la legítima diversidad no se opone de ningún modo a la unidad de la Iglesia, sino que por el contrario aumenta su honor y contribuye no poco al cumplimiento de su misión» (Carta Encíclica Ut Unum Sint, 1995). Treinta años antes, el documento conciliar Lumen Gentium  afirmaba que «la diversidad de gracias, servicio y funciones congrega en la unidad a los hijos de Dios». A fin de cuentas, se trata de uno de los principios a los que, sobre todo por boca de san Pablo, se alude en el Nuevo Testamento: diversidad de lenguas, de costumbres, de razas, de carismas, de dones. Esta falta de uniformidad absoluta remarca una de las ideas que conforman el cristianismo: Dios ama a cada cual de forma personal, única. Por eso, el apóstol escribe a los Efesios: «Dios nos eligió antes de la constitución del mundo, para que fuésemos santos ante Él» Y Jeremías exclama: «Antes de que te formase en el útero, yo ya te conocía; antes de que salieras del vientre de tu madre, te consagré y te escogí».

En España, casi todas las misas se celebran según el rito romano en su formato novus ordo, que es el determinado tras la reforma de 1969–70

Resultado de esta diversidad, y de los dos milenios de vida de la Iglesia, es la variedad de ritos litúrgicos. Desde el ritual de misa romano –el más celebrado–hasta el copto o el siriaco, pasando por el etíope, el ambrosiano o el maronita. En España, casi todas las misas se celebran según el rito romano en su formato novus ordo, que es el determinado tras la reforma de 1969–1970. Aquella reforma no abrogaba el ritual romano tradicional, cuyo origen es antiquísimo, si bien quedó asentado después de que san Pío V lo convirtiera en el obligatorio para toda la Iglesia latina, aunque se preservaban los demás ritos que tuvieran al menos dos siglos de vigencia en celebración ininterrumpida. Desde Pío V, el ritual tradicional (o tridentino) fue variando en mayor o menor grado: san Pío X, Pío XII y Juan XXIII (en 1962) introdujeron respectivas modificaciones.

En un puñado de países de rito latino se ha mantenido, dentro de algunas parroquias y organizaciones eclesiales, el misal tradicional. Es el caso, sobre todo, de Francia, Estados Unidos e Italia y, en menor medida, España, Argentina, Inglaterra… Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han promulgado sendos motu proprio para garantizar la plena legitimidad de este tipo de rito. El más reciente, Traditionis Custodes (2021), establece los cauces y condiciones en que se permite el uso del misal de 1962, dentro de la comunión con Roma y la natural aceptación «del Concilio Vaticano II y del Magisterio de los Sumos Pontífices».

Misa tradicional

Bajo la protección canónica que han brindado estos papas, han surgido algunas organizaciones eclesiales que celebran misa según el rito tradicional, como parte de su espiritualidad. Es el caso, por ejemplo, del Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote (ICRSS), fundado en 1990 y de fuerte impronta francesa. Se define como «una sociedad de vida apostólica en forma canonical, de derecho pontificio» y su objetivo es «la gloria de Dios y la santificación de los sacerdotes al servicio de la Iglesia y de las almas». El Instituto cuenta con más de 120 presbíteros y un centenar de seminaristas, pues la organización dispone de su propio seminario en Italia.
En España el ICRSS está presente en seis diócesis (Madrid, Getafe, Alcalá de Henares, Valladolid, Cádiz y Segovia); destacan, quizá, las misas de rito tradicional que celebran a diario en la iglesia neogótica de Nuestra Señora de la Paz, situada en la confluencia de Doctor Esquerdo con O’Donnell (Madrid). Los domingos, además de la habitual misa vespertina, se ofician dos matinales cantadas, también según el rito antiguo. Por lo general, la iglesia se llena en estas misas, sobre todo, de gente joven, matrimonios con niños pequeños que atienden la celebración con el misal o gracias a una aplicación en el móvil. En todo caso, ya sea en misa, o en cualquier otro tipo de acto litúrgico –como la Adoración al Santísimo–, hay un rasgo que llama más la atención que esta sorprendente juventud –empezando por la primaveral juventud de bastantes de sus sacerdotes–, y es el silencio.

Al contrario que en el novus ordo —un ritual que da preponderancia a la liturgia de la Palabra y a las respuestas de los seglares—, en la misa tradicional se hace hincapié en las oraciones introductorias, en la necesidad de penitencia, en el ofertorio que protagoniza el sacerdote y en la comunión

Al ser un rito con menor participación de los fieles, el feligrés, básicamente, asiste a la misa, y sus respuestas acompañan al sacerdote. Por ejemplo, al comienzo, cuando se repiten las fórmulas «Introibo ad altarem Dei», que pronuncia el celebrante, y el pueblo o el acólito responde: «ad Deum, qui laetificat iuventutem meam». Al contrario que en el novus ordo –un ritual que da preponderancia a la liturgia de la Palabra y a las respuestas de los seglares–, en la misa tradicional se hace hincapié en las oraciones introductorias, en la necesidad de penitencia, en el ofertorio que protagoniza el sacerdote y en la comunión. Esto implica que el feligrés se centra en atender cómo el sacerdote oficia in persona Christi. Durante casi toda la misa, excepto las lecturas, se emplea el latín, y, en ocasiones, partes cantadas en gregoriano. Sacerdote y fieles suelen mirar ad Orientem, es decir, hacia el altar, vuelto de espaldas a la congregación y que se corona con el sagrario, epicentro evidente del templo. En este tipo de misa, suele usarse casulla sin mangas y el sacerdote entra y sale del presbiterio con bonete, que se quita al comienzo y que sólo usa cuando predica la homilía. Para entender mejor el sentido de esta forma de celebrar la misa –que, a primera vista, podría parecer lejana y lóbrega–, pueden valer las palabras de Evelyn Waugh: «Los católicos siempre hemos rezado en silencio. ‘Participación’ en la Misa no significa oír nuestras propias voces. Significa que Dios escucha las nuestras. Sólo Él sabe quién está ‘participando’ en Misa».
Celebración eucarística bajo el rito mozárabe en la parroquia Concepción de Nuestra Señora

Celebración eucarística bajo el rito mozárabe en la Concepción de Nuestra SeñoraPaula Argüelles

Rito mozárabe

Otro rito católico latino –aunque con bastante huella oriental– es el llamado mozárabe, visigodo o hispánico. Es el propio de España, y, de hecho, quizá el más celebrado a lo largo de su historia. A partir del siglo XI y de manera especial tras el fin de la Reconquista, fue cayendo en desuso y se conservó en comunidades y lugares muy específicos, como Toledo. Precisamente en su catedral y en un puñado de iglesias españolas –en las provincias de Toledo, Madrid, Salamanca o Palencia– se mantiene esta liturgia, repleta de cromatismo, incienso, música y participación de los fieles. El formato actual data de una revisión profunda efectuada durante el pontificado de Juan Pablo II. Tal como dijo en 1992 el papa polaco, «la celebración de la Misa según el Rito Hispano–Mozárabe ayudará a revivir rasgos importantes de la espiritualidad cristiana de vuestros antepasados, espiritualidad que indudablemente ha contribuido a forjar la idiosincrasia del pueblo español».

Hoy, el lenguaje empleado en la misa mozárabe es el español, pero algunos momentos, como la consagración y el padrenuestro, se rezan o cantan en latín

Asociaciones como Gothia, presidida por el sacerdote Diego Figueroa, promueven y festejan la misa según este rito que representa, mediante la gestualidad de los celebrantes, una especie de peregrinación donde se mezclan la esperanza, la adoración y la penitencia. De hecho, durante la mayor parte de la misa, los celebrantes permanecen al pie del presbiterio, y sólo durante la consagración el sacerdote sube al altar. Al igual que en el rito romano tradicional, esta parte se celebra de espaldas al pueblo; sin embargo, la parte anterior se oficia de cara a los fieles. Hoy, el lenguaje empleado es el español, pero algunos momentos, como la consagración y el padrenuestro, se rezan o cantan en latín. También la lengua griega tiene algún que otro pasaje breve, como cuando se dice en el Credo que Cristo es «homoousios con el Padre». El canto gregoriano y la procesión de los celebrantes dotan a la misa mozárabe de un tono esbelto y auténtico que traspasa los siglos. La casulla con que se reviste el sacerdote dispone de mangas amplias, como suele suceder en las misas según el novus ordo; no en vano, se llama casulla gótica. Por otro lado, conviene tener en cuenta que la liturgia mozárabe no se limita a la misa, pues dispone de ritos que pueden incluirse en las bodas o en las celebraciones de vísperas.
Dentro de los variados lugares donde se oficia misa visigótica o hispánica, destaca la basílica de la Concepción, en la madrileña calle Goya. Los martes por la tarde se celebra con toda exquisitez, luminosidad y unas vestimentas –como la dalmática– que subrayan la magnificencia y antigüedad del sacramento. Se trata de uno de los templos católicos que más cuidan la liturgia, con expresiones muy diversas: desde misas solemnes y coros de música sacra tradicional hasta conciertos de Navidad, como los que a veces ofrecen los Heraldos del Evangelio, ataviados a la usanza medieval y con colores dorados, pardos, rojos y blancos.

Paula Argüelles

Rito bizantino

Un tercer tipo de rito católico de misa que se celebra en España es el bizantino, en diferentes formatos, sobre todo, el rito bizantino rumano (parroquia de Nuestra Señora de las Angustias, en Madrid) y el ucraniano (parroquia de Nuestra Señora del Buen Suceso, en Madrid; iglesia del Perpetuo Socorro, en Barcelona; Parroquia de la Santa Cruz y San Felipe Neri, en Málaga). En ambos casos, se trata del modo propio de oficiar los sacramentos dentro de los católicos orientales, insertos en un entorno greco–ortodoxo que, hasta hace mil años, vivía en comunión con Roma. De modo que, por un lado, este rito representa, en palabras de Juan Pablo II, la otra mitad de lo que es la Iglesia católica: el mundo oriental. Según el Papa eslavo, «la Iglesia tiene dos pulmones: el occidental y el oriental, y necesita ambos para respirar». Por tanto, es un rito que manifiesta que la ansiada unidad de la Iglesia –entre orientales y occidentales, pero también entre ortodoxos y católicos– no implica, en modo alguno, una homogeneidad litúrgica, ni una imposición de las formas romanas. Más bien, al contrario. Por eso, el Concilio Vaticano II dedicó al tema un decreto específico (Orientalium Ecclesiarum) que asegura: «La Iglesia católica tiene en gran aprecio las instituciones, los ritos litúrgicos, las tradiciones eclesiásticas y la disciplina de la vida cristiana de las Iglesias orientales. Pues en todas ellas, preclaras por su venerable antigüedad, brilla aquella tradición de los padres, que arranca desde los Apóstoles».

El rito bizantino se caracteriza por la solemnidad de sus cantos, por la actitud pastoral del celebrante y la dignidad suntuosa del cortejo que lo acompaña

En el caso de las misas bizantinas (rumanas o ucranianas), su auge es debido a la cada vez mayor afluencia de personas llegadas del Este de Europa a España, y que ha conformado comunidades bien asentadas e integradas, sin renunciar a su identidad, y sin que su catolicidad tenga que confundirse con rito latino. Por eso se estableció en 2016 el Ordinariato para los fieles de rito oriental en España, a cargo del cual se halla monseñor Carlos Osoro, que es, al mismo tiempo, cardenal arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal. Mediante el Ordinariato, monseñor Osoro ejerce como si fuera el obispo propio de los católicos orientales en España, a fin de garantizar su acogida fraterna y el normal desenvolvimiento de su religiosidad. Se trata de un cargo coordinado con los obispos de cada diócesis y con los sínodos orientales.
El rito bizantino se caracteriza por la solemnidad de sus cantos, por la actitud pastoral del celebrante y la dignidad suntuosa del cortejo que lo acompaña. También por el fuerte simbolismo de la luz, las imágenes y libros sacros, y el valor procesional de cada parte de la misa, en especial la presentación de ofrendas y todos los gestos de adoración sacramental, más profusos que en los ritos latinos. La constante presencia del color dorado señala la divinidad del lugar y la santidad de la celebración. Al igual que en el rito romano tradicional y en el mozárabe, la consagración se realiza de espaldas al pueblo. Cuando la iglesia está diseñada según los parámetros habituales en Oriente, el presbiterio o santuario está claramente separado de la zona que ocupan los fieles por medio de una celosía o mampara que recibe el nombre de iconostasio. Durante su viaje a Eslovaquia en septiembre de este año, el Papa Francisco ha presidido alguna misa según este rito, de igual modo que durante su estancia en Iraq (marzo) ofició según el rito caldeo.

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