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Las raíces del cristianismo 

Las raíces del cristianismo
por Mario Javier Saban

SAN CLEMENTE ROMANO,
TERCER SUCESOR DE PEDRO
Lo que propone esta sección es acercarnos a los siglos I y II donde lentamente
se va formando el cristianismo en el seno mismo del judaísmo.
Lamentablemente muchos cristianos actuales creen que con el gran rabí
Jesús de Nazaret comenzó la ruptura definitiva. Eso no es cierto: la ruptura
de nuestras dos grandes religiones se produjo muy lentamente hasta su
división definitiva a fines del siglo II.
Quiera Dios, que el siglo XXI, vea a los hermanos cristianos junto a nosotros,
sus hermanos judíos. Como dijo Juan Pablo II en su entrada triunfal en la
Sinagoga de Roma en el mes de abril de 1985: “Los hebreos son nuestros
hermanos mayores en la fe”.
No queda muy claro en el orden de sucesión papal la situación de los cuatro
primeros obispos de Roma. Sabemos que el primer “Papa” de la Iglesia
fue el judío Simón Bar Yona (San Pedro); pero inmediatamente leemos los
dos obispos siguientes y nos encontramos con dos gentiles (es decir, no
judíos): Lino y Cleto.
En realidad en los primeros tiempos del cristianismo, la gran mayoría de los
integrantes de la Iglesia, eran judíos. La Iglesia nació judía. Fue en el
Concilio de Jerusalén del año 50 cuando se permitió el ingreso de los gentiles
al nuevo movimiento, tal como podemos leer en el capítulo XV de los
Hechos de los Apóstoles. El proceso de entrada de los gentiles (no judíos)
fue un proceso histórico muy lento.

LOS CRISTIANOS DEL SIGLO I Y DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO II
LEÍAN LA ÚNICA BIBLIA QUE TENÍAN A MANO: LA BIBLIA HEBREA, EL TANAJ

Algunos autores dicen que el judío Simón Bar
Yona (San Pedro) dejó a tres de sus compañeros
a la cabeza de la Iglesia de Roma, uno de
estos tres, fue Clemente Romano o San
Clemente Romano. Los otros dos fueron Lino
y Cleto y como estos dos primeros, murieron
en primer término, quedó a la cabeza de la
comunidad el último elegido por Simón Bar
Yona (San Pedro) el judío San Clemente
Romano.
Muy pocos saben que el cuarto Papa en la
línea de sucesión romana fue un judío, un
judío practicante de su judaísmo. Es más,
como el NT tal como nosotros lo conocemos
queda definitivamente canonizado en
el año 177, los cristianos de fines del siglo I y
de la primera mitad del siglo II leían la única
Biblia que tenían a mano: la Biblia Hebrea, el
Tanaj.
Tenemos una importante obra del judío
Clemente Romano que son las Pseudoclementinas,
donde podemos ver la importante
influencia del judaísmo en sus escritos. Casi
no hay citas del NT porque aún no existía.

¿Creían estos primeros fieles judíos del cristianismo en Roma que estaban abjurando
del judaísmo?
Mi opinión personal por las investigaciones históricas y teológicas que he realizado,
es que estos primeros judíos que creen que Jesús es el Mesías de Israel y de toda la
humanidad no tenían idea de que estaban creando una religión diferente. Ellos pensaban
que formaban parte de un grupo judío mesiánico y que con el tiempo todos
los judíos entrarían al movimiento.
Es más, el sucesor del judío San Clemente Romano fue el medio-judío San Evaristo I
(99-107), hijo de padre judío y madre gentil, lo cual implica que el quinto Papa en el
orden de sucesión romana también tendría una gran conexión con el judaísmo.
Cuando estuve de viaje en Roma acompañado por un amigo católico de la Prelatura
del Opus Dei, el señor Carroggio, le dije: “Quiero visitar la Iglesia de San Clemente
para orar en ella como judío”. Mi amigo se llenó de sorpresa: no podía creer lo que
yo le decía. Me acompañó muy amablemente a la Iglesia de San Clemente Romano
en Roma y bajé a las catacumbas; en el tríptico informativo se informaba:“Aquí se
encuentra enterrado San Clemente, de origen judío…”.
Mi emoción fue muy grande al ver que la Iglesia había reconocido su origen. Durante
siglos el origen judío del cuarto Papa fue ocultado. Es más, en algunas obras de la
década de 1950 se puede leer que la familia de San Clemente Romano era la distinguida
familia romana de los patricios “Clementes” o quizás
en forma indirecta de los “Flavios”. Se pretendía de
ese modo “gentilizar” el origen de este venerable creyente.
Al finalizar mi visita a la tumba y recitar la oración
fúnebre en hebreo bajo los cimientos de la Iglesia, mi
compañero de la Prelatura y yo como judío sefardita, llorábamos
de emoción porque San Clemente Romano
nos unía en lo más profundo: fue un judío fiel que creyó
en Jesús como el Mesías. Casi veinte siglos después
de tanta sangre derramada, un judío y un cristiano
estábamos abrazados frente a su
tumba. El tríptico con la información del
origen judío de San Clemente se lo
regalé a mi amigo en recuerdo de
aquella visita.en la basílicade San Clemente

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