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“Enseguida quedó limpio” 
25 de Junio
Por Gloria María Tomás

En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente. En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.» Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio.» Y en seguida quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés» (San Mateo 8, 1-4).

COMENTARIO

Confío que la mayoría de los lectores tengáis la bendita costumbre de leer diariamente algún pasaje de los Evangelios o, al menos, escuchar el de la Eucaristía. Viene al caso este comentario porque siguiendo el Evangelio de San Mateo encontramos tres veces en las que se subraya el seguimiento de las gentes a Jesús. Aparte de la que hoy comentamos, se encuentra en 4,25 (“Lo seguían grandes multitudes que llegaban a Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania”) y en 5,1 (“Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a Él). Nos alegra recordar esta popularidad del Señor.

En este pasaje se narra la curación de un leproso por la fe que el enfermo tiene en Jesucristo y se manifiesta plenamente el poder de Dios, “enseguida quedó limpio”. Si conocéis la película El Resucitado (Kevin Reynolds, 2016) recordaréis la emoción que embarga al espectador ver este milagro ¡Cuánto más profundo y verdadero sería en realidad!

Históricamente recordemos que el Señor, al realizarlo no busca su propia fama y queda manifiesto que respeta lo establecido por la Ley: si un leproso se curaba de su enfermedad debía presentarse ante el sacerdote, quien constataba la curación y extendía el certificado para el que anteriormente enfermo pudiera reintegrarse a la vida civil y religiosa de Israel.

Desde el punto de vista espiritual esta curación nos ayuda a tener y fomentar una esperanza agradecida al vivir el sacramento de la Confesión, en el que nuestras heridas quedan saldadas por la sangre del Redentor.

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