Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|martes, agosto 4, 2020
  • Siguenos!

Empezar de nuevo 
31 de Julio
Por Gloria María Tomás

En aquel tiempo fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: «¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos, Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?» Y aquello les resultaba escandaloso.
Jesús les dijo: «Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta.» Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe (San Mateo 13, 54-58).

COMENTARIO

Acerca de este pasaje del Evangelio nos puede ayudar verlo en el contexto. Esta admiración por Jesús proviene de como sus seguidores, a primera vista, están entusiasmados al ver en el Señor los diversos milagros que realiza y que además van acompañados de enseñanzas maravillosas. Siguiendo el Evangelio desde el inicio del capítulo, podemos reflexionar como ante Jesús hay que tomar partido y hay quizás tres modos muy claros de hacerlo; el primer grupo son sus discípulos, especialmente Pedro (en MT 16,16 se recoge su solemne confesión  en la que proclama que el Señor es el Mesías, el Hijo de Dios) que son los cercanos; otro grupo son la muchedumbre que le sigue pero que no acaban de entenderlo y finalmente están las autoridades religiosas que tratan asechanzas contra Él.

En nuestro breve pasaje vemos el contraste entre la admiración inicial (n. 54) y el escándalo final (n.57). ¿Qué ha ocurrido? Probablemente corresponde al grupo intermedio, a los que admiran pero no comparten.

Cuantas veces cada uno de nosotros y de nuestros amigos estamos también así. Vamos a rectificar, desde hoy, a recomenzar las veces que haga falta. Un modo práctico es la unión con Pedro, con el Vicario de Cristo –pues es la piedra angular de la Iglesia, como ya comenzó con el apóstol Pedro- y después no quedarnos solo en el atractivo humano de Jesús, que es mucho, sino en querer compartir con Él, nada más y nada menos que la Redención, el no despreciar a nadie y cuidar el carácter sobrenatural propio de los hijos de Dios, de sus seguidores. Dará igual entonces que nos admiren o rechacen: somos discípulos de Jesús, y Él vivió ambas reacciones.

Añadir comentario