Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|viernes, octubre 30, 2020
  • Siguenos!

Libertad y responsabilidad cristiana 

A la cuestión de “¿libertad para qué?” que, hace cerca de un siglo, planteaba el “zar soviético” Lenin, la Ley Natural, el Sentido Común y el Evangelio nos ayudan a responder: Para obrar como seres racionales y responsables que han de buscarle un sentido a la propia vida.

El no saber qué hacer con la libertad es tanto como ignorar el sentido de la propia vida y el porqué nos diferenciamos del resto de los animales. Cierto, muy cierto, que la Libertad es uno de los más preciosos dones de Dios de forma que podemos ver en ella la muestra de que, a diferencia del resto de los seres animados, nuestro Padre y Creador nos hizo a su “imagen y semejanza” (Gen. 1,27).

Al sacrificarse en la Cruz por puro y supremo Amor, clarísimo ejemplo del adecuado uso de la libertad humana nos la da el propio Cristo, nuestro Hermano Mayor, Hijo de Dios, Dios verdadero de Dios verdadero. Consecuentemente, es en el amor a Dios y al prójimo en donde la libertad humana encuentra su más natural aplicación: “Nos creaste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no descansa en Ti”, que dijo San Agustín.

También cierto, muy cierto, es que el mal uso de la libertad puede esclavizarnos (tristísima paradoja) y situarnos a un nivel inferior al de las si es que nos tomamos a nosotros mismos como centro y destino exclusivo de cuanto existe y, en consecuencia, atropellamos, robamos, asesinamos o, simplemente, violentamos la libertad natural de cualquier semejante a nosotros.

Plenamente libres, gozosamente libres, podemos llegar a ser en el camino que nos ofrece el Cristianismo si es que hacemos de la Cruz, que irradia Amor, un timbre de Gloria.

Cuando fijamos nuestra atención a las cosas del día a día, habremos de reconocer que hay una diferencia abismal entre la libertad de manejar bienes materiales y dinero como me venga en gana y la libertad para encauzar lo de cada uno, incluido el dinero, hacia el bien del prójimo: lo primero nos lleva a la embrutecedora insolidaridad, lo segundo nos sitúa en el camino hacia ser todo lo que podemos ser en progresivo derroche de generosidad.

Más aún: Cuando la idea de libertad se aplica a manejar a capricho lo banal e intrascendente, nos anclamos en la desesperante nimiedad del que cree que tiene derecho a todo sin sacrificarse por nadie ni por nada: es un situación en la que resulta imposible saborear.la felicidad que tenemos al alcance de la mano a nada que reflexionemos sobre que es en el adecuado uso de las pequeñas cosas en donde podemos encontrar mil y una ocasiones de demostrar generosidad. Al respecto, el P. Jorge Loring nos recuerda en su ilustrativo libro “Para salvarte”:

En su El 22 de mayo de 1986 la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe del Vaticano, publicó una Instrucción sobre Libertad cristiana y liberación, donde dice: «La auténtica libertad no lo es para hacer cualquier cosa, sino para hacer el bien. La Verdad y la Justicia constituyen la medida de la auténtica libertad. El hombre cayendo en la mentira y en la injusticia en lugar de realizarse se destruye. La libertad se manifiesta como una liberación del mal moral. El pecado del hombre es la causa radical de las tragedias que marcan la historia de la libertad. El desconocimiento culpable de Dios desencadena las pasiones que son causa del desequilibrio y de los desórdenes que afectan la esfera familiar y social (nº39). Las comunidades de base y otros grupos cristianos son una riqueza para la Iglesia universal, si son fieles a las enseñanzas del Magisterio, al orden jurídico y a la vida sacramental» …./”El pecado de Adán y Eva es un pecado muy frecuente hoy día. Hombres y mujeres autosuficientes, independientes, rebeldes a toda norma, orden o mandato, aunque venga del Papa. Para ellos sólo vale lo que ellos opinan, y lo que ellos quieren. No se someten a nadie. Quieren ser ellos los que deciden lo que es bueno y lo que es malo. Quieren ser como dioses”.

Como conclusión de lo dicho, siguiendo a San Juan Pablo II, podremos reconocer que la Libertad es la facultad de poder practicar el bien sin ningún obstáculo exterior ni interior a nosotros mismos puesto que «no consiste en hacer lo que nos gusta, sino en tener el derecho de hacer lo que debemos». «La libertad está condicionada por el deber. La libertad absoluta es la absoluta anarquía».

En ello coinciden grandes psicólogos como nuestro Enrique Rojas, quien afirma categóricamente: «No eres más libre cuando haces lo que te apetece, sino cuando eliges aquello que te hace más persona».

                             Antonio Fernández Benayas.

Responder a Libertad y responsabilidad cristiana

  1. David

    Si me gusto

     

Añadir comentario