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Los que lo tocaban se curaban 
10 de Febrero
Por Ángel Pérez

En aquel tiempo, terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron.
Apenas desembarcados, lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se curaban (San Marcos 6, 53-56).

COMENTARIO

La Iglesia proclama hoy este Evangelio de Marcos que se encuadra dentro de los viajes que Jesús hizo en Galilea anunciando la venida del Reino de los Cielos. Si lo leemos simplemente podemos pensar que es la típica lectura que no aporta nada a nuestra realidad existencial. Sin embargo, Pedro, que es el narrador de la historia y el verdadero protagonista de este evangelio de Marcos, pensaba que era importante que esta experiencia formara parte de la enseñanza de aquella Iglesia que comenzaba a caminar. Pero, para que este evangelio ilumine nuestro interior tenemos que preguntarnos primero sobre «quién» soy yo hoy. Alguien al que el Señor ha enamorado, que se siente llamado a salir de su «zona de confort» para anunciar a los demás una nueva forma de vivir, a curar a aquellos que tienen herida el alma, que sufren en su interior las consecuencias de la forma de vivir de hoy sin saberlo; aquellos que están enfermos de soledad, de tristeza, de desesperanza, de aburrimiento, de ansiedad, de desamor…; o por el contrario somos uno de esos enfermos que a pesar de haber intentado curarnos  por nosotros mismos, seguimos postrados y presos de una camilla. ¡Que importante es saber quién soy! ¡que importante es saber dónde me encuentro! Estemos donde estemos el Señor nos invita a movernos, a convertirnos, a salir, a dejar de vivir para nosotros mismos. En el fondo estamos en los dos lados ya que el Señor todo al que cura, lo envía después con su familia, con sus vecinos, con sus compañeros para que cuente, para que anuncie que aquel que se encuentra con Jesús y lo toca, queda sanado.

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