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Los anglicanos responden a la petición de un rito que marque la ‘transición’ de los transexuales 

Carlos Esteban
24 enero, 2018

 

El Sínodo General de la Iglesia de Inglaterra votó por abrumadora mayoría el pasado julio crear un servicio religioso ‘ad hoc’ para marcar la transición del sexo original al elegido.

La Iglesia de Inglaterra cumple hoy, a ojos católicos, dos importantes servicios. El primero es una forma de oscuro consuelo: cuando uno se alarma ante innovaciones que parecen poner en peligro la Tradición o lamenta tanta práctica abusiva que busca más halagar los gustos del momento que de elevar almas a Dios, basta mirar a Canterbury para hallar el célebre ‘consuelo de los tontos’, pensando que allí están peor.

El segundo consiste en una advertencia sobre los peligros de seguir ese camino de seguimiento servil de las modas ideológicas del mundo.

Por servir a esas ideas, Canterbury ha admitido el disparate de que los transexuales pertenecen al sexo al que desean pertenecer y no aquel con el que han nacido y traiciona cualquier examen cromosomial. Y, naturalmente, los colectivos anglicanos de transexuales consideran que el bautismo con el que entraron en la Iglesia ‘no sirve’ y demandan un nuevo ‘pseudosacramento’ que les consagre como sujetos del sexo que han elegido.

La respuesta de la jerarquía anglicana ha sido un débil “no, pero…”. No habrá rebautismo, todavía, pero la respuesta ha sido aconsejar que se utilice la ‘Afirmación de la Fe Bautismal’ –los anglicanos no aceptan el sacramento de la Confirmación, pero disponen de un rito análogo- con el fin de confirmar la nueva identidad.

Es, como resulta ya habitual, un compromiso que decepciona a ambas partes. El Sínodo General de la Iglesia de Inglaterra votó por abrumadora mayoría el pasado julio crear un servicio religioso ‘ad hoc’ para marcar la transición del sexo original al elegido, pero la Cámara de los Obispos se ha negado a redactar un nuevo ritual, aconsejando que se use el que ya existe.

“La Iglesia de Inglaterra da la bienvenida a las personas transexuales y desea de todo corazón incluirlos en la vida de la Iglesia”, ha declarado el Obispo de Norwich, Graham James. Tras recomendar el uso del ritual indicado, James transige sugiriendo que “el clero está habilitado para redactar y recitar las oraciones que consideren oportunas para acompañar el rito”.

La ‘defensa’ de los obispos para crear de la nada un nuevo ritual es que, en palabras William Nye, secretario general del Sínodo, “el punto central del servicio de afirmación hace hincapié en la fe del individuo en Jesucristo, más que su nombre o su género, con independencia de que estos sean los mismos o distintos a los de su bautismo”.

Ha sido como entrar en una mezquita descalzándose un solo pie, que enfurece al que lo ve como una concesión tanto como al que lo ve como una profanación. “Me sorprende que hayan juzgado innecesario crear nuevas liturgias, dada la fuerza de los argumentos y el voto del Sínodo”, protesta un miembro de la asamblea anglicana. “Tratamos nacimientos, matrimonios y muertes. Cuando uno proclama una nueva identidad, a mí me parece igual de poderoso”.

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