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“Los demonios creen en Dios, y tiemblan” 
22 de enero
Por Pablo Morata

«En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacia, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer» (Mc 3,7-12)


En el momento de ponerme delante del ordenador pensando qué enfoque voy a dar a este comentario, oigo en la radio una curiosa noticia: Se ha descubierto el papiro más antiguo que contiene un fragmento del evangelio de Marcos, posiblemente anterior al año 90 (los exegetas datan la composición de dicho texto hacia el año 70). Con las debidas cautelas, estaríamos hablando de un hallazgo de valor histórico y arqueológico incalculable. Pero lo curioso de la noticia es dónde ha permanecido oculta esta pieza por los siglos de los siglos: ¡En la máscara de una momia egipcia!, junto con otros textos de filósofos y escritos personales, que son los que han permitido, junto con la prueba del carbono 14, fijar la datación.

Vamos, que los expertos en momificación eran también unos ases del reciclaje. Es como si para hacer un cabezudo de cartón piedra utilizásemos junto con los periódicos atrasados las páginas del “Códice Calixtino” que tan de actualidad está también estos días. Dicen que a los egipcios ricos se les hacía la máscara de la momia con oro y los más pobretones, pues eso, una especie de cartón piedra a base de desechos de papiro. Por lo que a esta momia en cuestión se refiere, no sé si llegaría a menesterosa pero, sin saberlo sus sepultureros, fue embalsamada con el material más precioso del mundo: contenía la buena noticia de la salvación y, hasta podríamos decir de forma analógica y salvando mucho las distancias, que hasta cumplió su función: lo que era corruptible se vistió de incorruptibilidad gracias, entre otros, a un texto concebido para anunciar, también a los pueblos paganos, que la muerte ha sido vencida (Cf. 1Co 15, 54). Durante siglos delante de sus narices, y sin enterarse…

Pero es que el Evangelio de Marcos, cuya lectura continuada proclamamos en este principio del tiempo ordinario y que nos acompañará la mayoría de los domingos del “ciclo B”, es así desde el principio. Yo lo compararía como si en una novela de la genial Agatha Christie se desvelara el misterio en la primera página, pero la mayoría de los lectores, tan absortos en sus cosas, ni se dieran cuentan. Y si no, fijémonos en la pedagogía de Marcos, que en el pasaje de hoy, se formula de forma diáfana.

Ya el primer versículo nos da el avance de todo lo demás, y consiste en una proclamación de fe: “Comienzo del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”. Luego de forma casi sumaria se narra su bautismo, las tentaciones y la elección de los primeros discípulos. Enseñaba en la sinagoga de Cafarnaún, con una autoridad diferente a los maestros de la ley. Su palabra tenía otra elocuencia, la elocuencia de los hechos. El texto de hoy habla de la muchedumbre que “al enterarse de las cosas que hacía”… La traducción original, y así lo recoge la “Biblia de Jerusalén” sería “al oír lo que hacía”. El matiz es importante. El primer mandamiento es “Escucha Israel”, por eso los hechos de Jesús, que es la Palabra, son para ser escuchados. Otra cosa es si son entendidos: Jesús realiza curaciones y, pese a pedir que no se dé publicidad, sus “hechos” se “oyen” dentro y fuera de Israel. Pero no se “escuchan”, no se capta el sentido profundo de hacia dónde y quién señalan. Pedro le confiesa como el Mesías (Mc 8,29), pero se escandaliza tras el anuncio de la pasión (8,32). Solamente al final, tras la muerte en la cruz será un pagano, el soldado que al verlo expirar exclamó: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (15,39)

Pero, como la momia, aunque lo tenían delante de sus narices, no pasaba de ser algo inservible (rechazado por los fariseos porque curaba en sábado), simple (en Nazaret, su pueblo, el hijo del carpintero) o en el mejor de los casos aprovechable (a ver qué podemos sacar de beneficio). Así acudían a él de todas partes, también de pueblos paganos, como acuden hoy a las cáritas parroquiales, en masa y de todas partes, para resolver el problema de lo inmediato. Hasta casi apretujarlo, hasta colapsar las colas de los bancos de alimentos… Pero, hoy como ayer, ¿se capta el sentido profundo de estas acciones?.

Curiosamente, ya desde el principio del evangelio de Marcos los que tienen clarísimo quién es Jesús son los demonios. “¿Has venido a destruirnos?, sé quien eres, el santo de Dios” (Mc 1,24). Los enfermos, los desdichados, eran considerados endemoniados, y los demonios sabían que las acciones, palabras con hechos de Jesús, no eran meros parches para mantener incorrupto durante un tiempo el rostro de un cadáver, sino el anticipo de un nuevo tiempo en el que ellos tenían los días contados. Por eso Jesús les prohíbe divulgarlo: las acciones de Jesús interpretadas por los demonios no pasan de hacerte ver como un pobre desgraciado, digno de compasión, el sufrimiento consiste en un error que Dios ha cometido en tu vida y, a lo más, te dejan acercarte a Jesús por si, al ir a sacar lo que puedas, lo mismo lo asfixias. Pero jamás permitirán el encuentro personal con Él.

Jesús ha de subirse a una barca. La barca es símbolo de la Iglesia. Si se escucha la Palabra fuera de la Iglesia, puede terminar estrujada, comprimida como este legajo del evangelio de Marcos, posiblemente escrito por cristianos coptos del siglo I, cristianos cuya fe sigue viva en nuestros tiempos a pesar de las continuas persecuciones. La momia se conformó con la incorruptibilidad física. El Evangelio de Marcos sigue siendo fuente de esperanza y de Vida Eterna. Y eso, los demonios lo saben… y tiemblan (cfr. Sant 2,19).

Pablo Morata

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