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Los lideres mundiales, unidos contra el antisemitismo en Jerusalén 

Concluye la reunión más multitudinaria de la historia para recordar la Shoah y combatir el antisemitismo

Tres horas de ceremonia en el Museo Yad Vashem del Holocausto proyectaron ayer -con solo pequeñas disonancias- una frente unido global para honrar a las víctimas de la Shoah y para combatir el recrudecimiento del antisemitismo en todo el mundo.

Una figura brilló ayer con especial intensidad en Jerusalén: el presidente Ruso Vladimir Putin fue agasajado por el Gobierno de Israel de varias maneras ayer. En primer lugar, antes de que diera comienzo la ceremonia en ek Yad Washem, tuvo lugar la inauguración de un monumento en el que se conmemoraba la resistencia de la ciudad de Leningrado al asedio al que fue sometido por el Tercer Reich de más de 900 días. Putin se emocionó durante la inauguración al ser ésta su ciudad natal. Más gestos: durante la ceremonia en e Yad Vashem el presidente ruso se sentó en un lugar preeminente rodeado a su derecha por el presidente Rivlin y a su izquierda por el primer ministro Netanyahu. Y la guinda del pastel llegó durante la intervención de este último en la ceremonia. Netanyahu dijo ue «no debemos ni por un instante desmerecer el sacrificio y la contribución de la antigua Unión Soviética a la hora de derrotar al monstruo nazi». El primer ministro olvidó mencionar que en aquel momento regía los destinos de la brutal dictadura comunista Stalin, genocida sin parangón responsable de la Gran Purga que segó la vida de 1,2 millones de rusos y arquitecto del Gulag, que exterminó a 1,6 millones.

Putin se dejó querer y dio rienda a su peculiar teoría, discutida por buena parte de los historiadores no rusos, de que el 40% de los judíos asesinados durante el Holocausto fueron soviéticos. La estrategia de Putin, secundada por Israel y denostada por Polonia, consiste en minimizar el pacto entre Stalin y Hitler previo a la Segunda Guerra Mundial (pacto de no agresión sin el cual Alemania nunca se hubiera atrevido a invadir Polonia) y centrarse en el papel de la Unión Soviética como potencia aliada. El presidente ruso calificó el Holocausto como «uno de los capítulos mas terribles de la historia humana», un capítulo al que se puso fin gracias al Ejército Rojo.

Durante su discurso, el primer ministro israelí centro sus principales cargas de profundidad contra Irán. Netanyahu no desaprovechó el evento de mayor envergadura de la historia de Israel para acusar al régimen de Teherán de «intentar abiertamente desarrollar armas nucleares y aniquilar el único estado judío del planeta». Hago un llamamiento a todos los gobiernos a unir esfuerzos para hacer frente a Irán. Israel hará lo que haga falta para defender a su pueblo y el futuro judío».

Por su parte el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, hizo un llamamiento a «enfrentarse y a denunciar la maligna marea de antisemitismo» que padece el mundo y secundó a Netanyahu al mostrarse partidario de «plantar clara al mayor exponente del antisemitismo, al único Gobierno del mundo que niega el Holocausto como parte de su política de Estado y que amenaza con borrar Israel del mapa. El mundo debe plantar cara a la República Islámica de Irán».

Además de la ausencia de Polonia (y del inexplicable «vacío» del príncipe Carlos a Pence), debe nombrarse entre esas «pequeñas disonancias» a las que e hacía referencia el hecho de que Ucrania haya decidido ceder sus asientos en la ceremonia a víctimas del Holocausto, un gesto que los organizadores israelíes han calificado de «extraño». «Es una pena que [el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskiy, hijo de supervivientes de campos de concentración] haya dado este paso», dijo el Yad Vashem en un comunicado.

Macron, fiel a la posición francesa, dio una de cal y una de arena al afirmar que «nadie tiene derecho a utilizar la memoria de los muertos para justificar cualquier forma de odio contemporáneo» y el presidente alemán Steinmeier, en uno de los momentos más emotivos de la ceremonia afirmó: «Ojalá pudiera decir que los alemanes hemos aprendido de la historia de una vez por todas. Pero no puedo decir eso cuando el odio se está extendiendo».

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