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«Los misioneros no necesitan tanto ser admirados como ser ayudados» 

 El director de las Obras Misionales Pontificias de España asegura que nuestro país es el único de Europa que ha aumentado su aportación a las misiones

Quien conoce a un misionero se queda prendado. Por eso no es de extrañar que el padre Anastasio Gil García (Segovia, 1946) lleve casi dos décadas de su ministerio sacerdotal dedicado al sostenimiento material y espiritual de las misiones. Estos días vive a caballo entre Madrid y Sevilla, ya que la capital hispalense ha sido elegida para acoger este año el «El Domund al descubierto». La exposición, junto a una serie de mesas redondas, pretenden concienciar sobre la labor de estos sacerodotes, laicos y religiosos en los lugares más olvidados del planeta, con motivo de la celebración este domingo del Día Mundial de las Misiones (Domund).

—¿Qué protagonismo tiene España en las misiones?

—La presencia de España en las misiones es total. Los misioneros no son unos francotiradores que van por sí mismos, sino que son enviados por las diócesis españolas expresando con ese envío la universalidad de la Iglesia. Nosotros estimamos que tenemos entre 12.000 y 13.000 misioneros. Estamos un poco más arriba que Italia, que tiene alrededor de 10.000.

—Esa presencia tan significativa, ¿qué dice de un país, de su Iglesia?

—Es un indicador de la vitalidad y la madurez de la Iglesia. Esto está sucediendo en países de Oriente como Tailandia, Camboya, Vietnam, Corea.

—¿La recuperación económica se nota en la captación de fondos?

—En 2014 en los países de América Latina y África ha crecido de manera llamativa. Desgraciadamente están bajando las aportaciones de las Iglesias de las grandes potencias. En Europa el único país que ha incrementado sus fondos es España. Los demás han bajado ostensiblemente.

—¿Cómo se hacen llegar esos fondos a los misioneros?

—Los fondos que se envían a las misiones es la suma de muchos pocos. Gracias a Dios no recibimos grandes fortunas ni grandes donaciones. Mientras el dinero permanece en España lo depositamos en las entidades bancarias que reúnen tres requisitos: riesgo cero, a corto plazo (porque no es nuestro dinero y no lo podemos tener más de seis meses) y exento de todo tipo de comisión. En el mes de mayo en la asamblea general nos reunimos todos los directores generales y se distribuye equitativamente las aportaciones de los 130 países según las necesidades y solicitudes que han llegado a las secretarias generales. A partir de ese momento cada país, que ha puesto a disposición de OMP una cantidad, recibe una carta con una indicación sobre el destino de los fondos. Inmediatamente se deposita a través del servicio bancario del Vaticano en la cuenta corriente del nuncio y el nuncio se lo entrega íntegramente a su destinatario.

—¿España es sensible a las necesidades de sus misioneros?

—La aportación económica y los misioneros que se envían son dos manifestaciones de cooperación claramente positivos. Ahora, ante la proximidad del día del Domund y sin que esto sea malinterpretado, creo que ha llegado el momento de que las palabras dejen paso a los hechos. Y los hechos son radicalmente

dos: rezar intensamente al dueño de la mies para que suscite muchas vocaciones para la misión porque estamos necesitados de muchas vocaciones y no quedarnos simplemente con la admiración. Pío XII decía que «los misioneros no necesitan tanto ser admirados como ser ayudados». Y en segundo lugar es necesario que vivamos la experiencia del misionero, que da de lo que tiene necesidad. No es una limosna superflua. Vivamos la experiencia de privarnos de aquello que tenemos necesidad. Esa es la contribución más generosa.

—¿Están suficientemente protegidos una vez que regresan a España?

—Hay muchas situciones anómalas e injustas que tenemos muchas esperanzas de que se puedan corregir con el reglamento de la Ley del Voluntariado aprobada recientemente en el Parlamento. Por ejemplo, que los misioneros laicos que retornan tengan derecho al desempleo o que los religiosos no tengan que permanecer al menos dos años en España para poder empezar a recibir asistencia sanitaria. También que tengan derecho a una pensión contributiva porque en este momento los misioneros cuando llega la edad de la jubilación solo tienen derecho a la pensión no contributiva.

—Se acaba de publicar un libro en el que se recopilan los carteles del Domund desde 1940…

—Es una manera de rendir homenaje a la labor inmensa que se ha hecho en los últimos 75 años. La editorial PPC además ha hecho un esfuerzo extraordinario con una edición muy digna. Se recoge no solo el trabajo de Rafael Santos, editor de publicaciones de OMP, sino también las cartas que cada año fueron enviando los misioneros haciendo referencia al cartel y que guardamos en nuestros archivos. El libro está teniendo una grandísima aceptación.

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