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Los obispos se muestran alarmados por el «resurgir de las dos Españas» 

Arremeten contra iniciativas del Gobierno de coalición como la eutanasia, la memoria democrática y el Poder Judicial

ANTONIO PANIAGUAMadrid

Los obispos están preocupados por la división del país. Creen que la impugnación de la Constitución, la monarquía, el poder judicial, «junto a las fuertes tensiones independentistas en medio de una inédita crisis económica», siembran la incertidumbre en la sociedad española. «Los enfrentamientos crecen y pareciera que asistimos a un resurgir artificial de ‘las dos Españas’», reza un documento de la Conferencia Episcopal.

El texto, de unas cien páginas y titulado ‘Fieles al envío misionero’, fue aprobado en la asamblea plenaria de los obispos y contiene el plan de acción para los próximos cuatro años. Si bien se trata de un documento con recomendaciones pastorales, los prelados analizan el panorama político y social y arremeten contra algunas medidas y leyes del Gobierno de Pedro Sánchez: «Abonan esta situación las iniciativas legislativas del Gobierno de coalición sobre la educación, la eutanasia, el aborto, la memoria democrática, el Consejo General del Poder Judicial, que van en la línea del proyecto de deconstrucción antes citado a escala global. El desarrollo de estas iniciativas pone en riesgo la libertad y dificulta la imprescindible unidad, tan necesaria en plena crisis sanitaria y en los albores de una crisis económica de consecuencias sociales impredecibles».

Particularismos nacionalistas

La inquietud de la jerarquía eclesial procede del debilitamiento de los vínculos comunes, lo cual genera inquietud. «La desconfianza está detrás de muchas de las actitudes reactivas que sufrimos hoy en día. Los populismos, los particularismos nacionalistas, el individualismo, los radicalismos de la ideología de género, el fundamentalismo, la xenofobia o la aporofobia se alimentan de la desesperación de quienes han caído en la desconfianza», sentencian

La Iglesia se siente interpelada, llamada a ejercer su «misión profética» y denunciar «los ataques a la libertad y la justicia».

La cúpula eclesial alerta de la existencia de una «profunda crisis institucional» y reprocha que algunos grupos políticos quieran abrir un segundo «proceso constituyente». «No se trata de sacralizar el régimen del 78, pero sí de afirmar que este marco político constitucional ha devuelto a España una estabilidad grande, no lograda durante siglos», se subraya.

La emergencia de estrategias mediáticas políticas que beben de la «posverdad» no es casual, dice la jerarquía católica, que aduce que la defensa de «identidades desvinculadas, sin un relato compartido», genera enfrentamientos.

La Conferencia Episcopal considera que la cosmovisión cristiana está en riesgo a raíz de transformaciones tecnológicas y económicas, pero también de maniobras de «desmontaje». «Pareciera que hay un guión bien trazado con calendario y finalidades tremendas. Emerge, teledirigida, una propuesta neopagana que pretende construir una sociedad nueva, para lo cual es preciso ‘deconstruir’».

La Iglesia católica constata las dificultades para desarrollar su misión evangelizadora, y reconoce que la cultura ambiental que viven los españoles «ya no es una cultura inspirada en la fe cristiana». «Para muchas personas las verdades cristianas son ahora incomprensibles y las normas morales que brotan del Evangelio se han vuelto inaceptables».

Pese a que muchos españoles se declaran católicos y dentro de ellos no pocos van a misa, la mayoría de los creyentes tienen una participación muy heterogénea en la vida eclesial, y demasiadas veces «débil y esporádica». La Iglesia da fe de esta de desafección y sostiene: «En este grupo de autodenominados católicos, la vida comunitaria organizada y el compromiso misionero explícito es pequeño».

Los obispos ven con preocupación la aparición de dos tipos de respuestas entre los católicos, conductas que, aunque minoritarias, no dejan de ser peligrosas. Por un lado, los que piden reformas eclesiales urgentes y hacer reivindicaciones basadas en nuevos postulados antropológicos, morales y sacramentales. Por otro, los que apelan a los fundamentos de la fe y señalan el Concilio Vaticano II como causa de todos los males, hasta el punto de que llegan a cuestionar el magisterio del Papa Francisco. «En ambos casos, ideologías teológicas, pastorales y también políticas prevalecen sobre la genuina fidelidad al mandato del Señor en la novedad del tiempo», sentencia el documento.

«Especialmente llamativo –prosigue el texto- es el descenso de matrimonios, y como lógica consecuencia disminuyen los bautismos y comienza a descender de manera apreciable la participación en las primeras comuniones». Consecuencia natural de todo ello es el descenso de vocaciones sacerdotales.

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