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Los tatarabuelos de Jesús 
Por Horacio Vázquez

«Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará, Farés a Esrón, Esrón a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed a Jesé, Jesé engendró a David, el rey. David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abías, Abías a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amós, Amós a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia. Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquín, Eliaquín a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Mesías, catorce». (Mateo 1,1-17)


Mateo y Lucas son los evangelistas que nos dan cuenta de los antepasados de Jesús, y la simple relación de sus nombres, junto a la curiosidad y la devoción que nos inspira la contemplación del árbol genealógico del Hijo de Dios —Hijo del hombre, como dijo de sí mismo, y también, hijo de Adán, como los demás hombres— nos invita a todos a estudiar la historia bíblica de estos personajes, y a reafirmar, siguiendo la proposiciones de fe del apóstol Mateo, que Jesús es el Hijo de Dios, el Mesías anunciado por los profetas, y que se encarnó en las entrañas virginales de María, su madre.

En la época en que ven la luz los evangelios de Mateo y Lucas, entre los años cincuenta y ochenta d.C., ya era patente la curiosidad que despertaba entre las gentes la figura de Jesús, y todos querían saber la historia de su familia y las circunstancias de su venida al mundo. El Papa Benedicto XVI, en el libro “La Infancia de Jesús”, que culmina la trilogía de Jesús de Nazaret, nos da cuenta del interés por la biografía del hombre que había recorrido los caminos de Israel haciendo milagros y diciendo cosas maravillosas. Porque, ¿quién era Jesús? ¿De dónde venía?

Se han analizado todos los detalles de esta genealogía, tanto en lo que es peculiar de Mateo, como en aquellos otros aspectos que la relacionan con la de Lucas (Lc 3,23-38). Así, la ubicación al comienzo de su evangelio, y enumerando las generaciones en sentido descendente, desde Abrahán, en la cúspide de la genealogía, hasta Jesús, en contraste con Lucas, que la sitúa al comienzo de su vida pública, y en sentido ascendente, desde Jesús hasta Adán y el Dios creador, o la cita sorprendente de cuatro mujeres entre las tatarabuelas de Jesús, no obstante que, la mujer judía, no contaba a efectos generacionales. Tales son, Tamar, que engendró a Fares de Judá, su suegro; Rajab, que tuvo a Booz  de Salmón; Rut, la moabita, esposa de Booz y bisabuela del rey David, que parió a Obed, y Betsabé, la mujer de Urías el Hitita, que fue madre de Salomón. Razonando sobre las peculiaridades de estas ascendientes femeninas de Jesús, Benedicto XVI encuentra el punto de conexión para la cita de estas cuatro mujeres, no tanto en su condición de mujeres pecadoras, como en la circunstancia de que todas fueran gentiles y paganas, en clara alusión a la universalidad del mensaje cristiano.

Pero la cita más importante que efectúa Mateo en contra de la lógica genealógica del pueblo judío, es la de María como madre de Jesús, y llama la atención la forma tan especial en que la efectúa. Dice Mateo, al final de su genealogía: “…y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo”. Apréciese, la sutileza con la que el evangelista trata el nacimiento de Jesús, pues la virginidad de María le impide declarar a José como su padre natural.

Parece, pues, que María no había contado a nadie la visita del ángel Gabriel, ni siquiera a su esposo, y dice Mateo, que José descubrió su embarazo, y que, “…siendo justo, no quiso denunciarla y decidió repudiarla en secreto”.

¿Y por qué el evangelista se atreve con la explicación de las dudas de José?

Ya hemos visto la finura con la que Mateo sitúa a José y a María en la genealogía de Jesús, pero precisamente por ello, al descartar la intervención humana en la concepción de Jesús, no queda acreditada su ascendencia davídica a través de José. Y entonces, Mateo, nos relata la escena de la segunda anunciación de Jesús, la visita en sueños del ángel a José, que le dice: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús”. Y José acepta ambos designios, a saber, la concepción divina de María, que abre de nuevo las puertas de su casa a la esposa, y la solución legal para ser el padre de Jesús, al imponerle el nombre en la ceremonia de la circuncisión, lo que deja ya establecida la ascendencia davídica de Jesús, según la ley judía.

Así, Mateo, coloca a José como personaje central de su relato, y nos entrega, para la historia de la salvación al último de los grandes patriarcas, a este judío fiel que supo acoger a Jesús y a su madre, María, y que queda, para todos nosotros, como modelo de fidelidad y obediencia a Dios.

Horacio Vázquez

 

2 Respuestas a Los tatarabuelos de Jesús

  1. Nieves

    Supongo que a Susana se le coló por despiste una queja a Amazon.

     
  2. Rosanna

    No me sirvió para nada! Pesimo servicio

     

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