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Los últimos serán los primeros 
23 de Septiembre
Por Ángel Moreno

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se entera se, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?»
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»
Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado» (San Marcos 9, 30-37).

COMENTARIO

Durante el mes de septiembre, muchas comunidades celebran fiestas en honor de Cristo, como eco del día de la Exaltación de la Cruz. En Jerusalén, el día 13 de septiembre se celebra la dedicación de los templos edificados por Santa Elena en honor del Calvario, del Santo Sepulcro, y de la Resurrección de Cristo. El calendario romano fija el 14 de septiembre la fiesta de la Exaltación de la Cruz, justo a los cuarenta días de la fiesta de la Transfiguración del Señor. Este domingo las lecturas presentan el núcleo del Misterio Pascual, la muerte y resurrección de Jesús, profetizadas desde antiguo.

Si observamos los detalles del relato evangélico, el Maestro camina con los discípulos de manera discreta. Desea enseñarles algo muy importante, y busca el clima de intimidad, y la atención de los suyos. “Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.” Sin embargo, en el camino no todos apreciaban la enseñanza. Andaban con sus cavilaciones y especulaciones sobre el poder político.

Ante las dispares conversaciones de los discípulos, Jesús se detiene, se sienta y con autoridad pronuncia de manera concentrada los acontecimientos con los que se consumará su misión y la repercusión que tendrán para los que deseen seguirlo: “Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»

El cristianismo se identifica por las paradojas evangélicas: Los últimos serán los primeros; los pobres, enriquecidos; los hambrientos, saciados; los humillados, exaltados. Y como ejemplo pedagógico, Jesús pone a un niño en el centro, para que a los suyos les entre por los ojos la enseñanza. “Acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».”

Sin duda, el Evangelio de este domingo nos sirve el antídoto contra la vanidad, el deseo de aparecer, de poder, de tener, la especulación con lo sagrado, y nos ofrece el camino de la sencillez y la limpieza de corazón de quien con ojos limpios avanza por el sendero del que se ha puesto como ejemplo, Cristo.

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