Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|sábado, enero 16, 2021
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Luz para el mundo 

 

“¡Quien acepta a Cristo: Camino, Verdad y Vida, en su totalidad, tiene garantizada la paz y la felicidad, en esta y en la otra vida! Por eso, el Papa vino aquí para rezar y confesar con todos vosotros: ¡vale la pena ser fieles, vale la pena perseverar en la propia fe! Pero la coherencia en la fe necesita también una sólida formación doctrinal y espiritual, contribuyendo así a la construcción de una sociedad más justa, más humana y cristiana”.

 

Una comunidad que se construye sin respetar la auténtica dignidad del ser humano, olvidando que cada persona es creada a imagen de Dios, termina por no hacer el bien a nadie.

 

La Iglesia tiene la misión de “anunciar y testimoniar el Evangelio en todos los ámbitos, especialmente donde emergen los síntomas negativos de una cultura consumista y hedonista, del secularismo y del individualismo, donde existen antiguas y nuevas formas de pobreza con señales preocupantes de malestar juvenil y fenómenos de violencia y de criminalidad”.”Se intensifique, por tanto, el testimonio evangélico para que en todos los ambientes, los cristianos, guiados por el Espíritu Santo que habita en la Iglesia y en los corazones de los fieles como en un templo, sean signos vivos de la esperanza sobrenatural”.

 

Benedicto XVI señaló que  “el desarrollo moderno de la ciencia trae innumerables efectos positivos, que deben ser reconocidos. Sin embargo, al mismo tiempo, es necesario admitir que la tendencia a considerar verdadero sólo aquello que es experimentable constituye una limitación de la razón humana y produce una terrible esquizofrenia, por la cual conviven racionalismo y materialismo, hipertecnología e instintividad desenfrenada”. “Es urgente, por tanto –señaló el Papa-, redescubrir de manera nueva la racionalidad humana abierta a la luz del Logos divino y a su perfecta revelación que es Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre”. El Sumo Pontífice explicó que “cuando es auténtica la fe cristiana no afecta la libertad y la razón humana; y entonces, ¿Por qué la fe y la razón deben temerse mutuamente, si encontrándose y dialogando pueden expresarse al máximo? La fe supone la razón y  la perfecciona, y la razón, iluminada por la fe, encuentra la fuerza para elevarse a la conciencia de Dios y de las realidades espirituales”. “La razón humana –siguió el Papa- no pierde nada aproximándose a los contenidos de la fe, por el contrario, éstos requieren su libre y conciente adhesión”.

 

 

 

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