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¿Qué es un Batanero? 
28 de Febrero
Por Pablo Morata

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos» (San Marcos 9, 2-10).

COMENTARIO

Recuerdo, hace años, durante una celebración de la Misa con niños, en las que siempre, antes de la homilía, suelo hacerles unas preguntas para ver qué han captado o qué les ha llamado la atención. Ante el pasaje de la “Transfiguración”, yo me esperaba un aluvión de preguntas tipo “encuentros en la tercera fase”; pero ya me di cuenta que a los niños de hoy en día, saturados de los efectos especiales de videojuegos, las nubes, voces del cielo, resplandores luminiscentes y demás, ya no les llaman la atención. Uno de los niños que levantó la mano, no tuvo más ocurrencia que hacer la pregunta que menos me esperaba, pero que tiene todo sentido en la lógica infantil: “Pablo, ¿qué es un batanero?”.
Para salir del paso, mi respuesta iba en la línea de lo que podía deducir del contexto: una especie de lavandero que echaba productos para blanquear la ropa, creo que puse algún ejemplo de anuncios del detergente que lava más blanco pero, la verdad, es que no sabía que es exactamente un batanero; así que me metió dentro el gusanillo de satisfacer mi curiosidad.
La primera conclusión que saqué es que no puedes presentarte delante de la feligresía con un esquema predeterminado: Segundo domingo de cuaresma toca Transfiguración, igual a repito el esquema de todos los años.
En segundo lugar, precisamente porque el relato de la Transfiguración se repite el segundo domingo de cuaresma de los tres ciclos litúrgicos, tuve la curiosidad de hacer una sinopsis entre los tres textos para fijarme en los pequeños detalles y matices que los diferencian. Como dato a tener en cuenta, es aquí, en Marcos, el único sinóptico donde aparece la semejanza del “batanero” y además lo que se muestra resplandeciente no es el rostro, sino los vestidos.
Y por último, lógicamente, me informé de forma más detallada qué es un batanero y cuáles son sus técnicas de blanqueamiento. Curiosamente en los batanes no se usan lejías ni productos químicos. ¿Cómo se logra el blanco intenso? A base de palos: Unas mazas sobre un eje golpean la manta de lana sacudida a la vez por una fuerte corriente de agua consiguiendo un tejido más claro y traslúcido; de tal forma que el resplandor no solo lo produce su blancura sino también su transparencia.
El tiempo de cuaresma, como preparación para la Pascua, pedagógicamente está estructurado como un itinerario bautismal. Los relatos
evangélicos correspondientes a cada domingo están directamente relacionados con los signos de la ceremonia del Bautismo para la cual los
catecúmenos se preparaban de forma más intensa.
Un signo esencial de esta celebración es la imposición de la vestidura blanca. Por desgracia, la riqueza simbólica del bautismo ahora se reduce a la mínima expresión. En la mayoría de los bautizos de infantes la imposición de la vestidura blanca se viene a quedar en colocar un ridículo pañuelito sobre la cabeza.
El pasaje de la Transfiguración es un “spoiler” de la Pascua. En esa noche iluminada por la Gloria de Dios, radiante en Jesucristo, los neófitos van a escuchar al imponerles la túnica: “Sois ya nuevas criaturas y habéis sido revestidos de Cristo. Esta vestidura blanca sea signo de vuestra dignidad de cristianos. Ayudados por la palabra y el ejemplo de los vuestros, conservadla sin mancha hasta la vida eterna.”
“Este es mi Hijo, el amado, escuchadlo”. Imagino que el pasaje evangélico de hoy resonaría en los oídos de los catecúmenos como el deseo
inminente de ser revestidos de Cristo, vivir con la dignidad de hijos de Dios (Cf. Gal. 3, 26-27) y profundizarían en los detalles del texto: La frase “como no es capaz de blanquearlas ningún batanero del mundo” implica reconocer que esta luminosidad no es de origen humano. Por otro lado, el batanero hace que el vestido sea traslúcido. Cuando se pusieron de moda las “transparencias” se las consideró como algo provocativo porque dejaban ver la desnudez.
Haciendo un paralelismo, efectivamente, la Transfiguración de Jesús es una epifanía que alumbra su ser más íntimo sin ropajes, deja a Cristo desnudo, pero con la desnudez de Adán en el paraíso antes de la caída (Cf. Gen. 2, 25). La vestidura blanca es el color de los salvados; de los que vienen de la “gran tribulación” (Cf. Ap. 7, 14).
¿Qué es un batanero? Jesucristo es el “batanero” de la nueva humanidad que nace de la Pascua. En el Tabor manifiesta su Gloria, pero se
presenta como el Siervo de Yahveh. Él se ha dejado “batanear” con las mazas de nuestras culpas y sigue blanqueando las túnicas, tantas veces mancilladas por nuestros pecados, y que debían estar sin mancha hasta la vida eterna, en la Sangre del Cordero.

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