Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|domingo, agosto 25, 2019
  • Siguenos!

Maria, Arca de santidad 

Hay tres figuras que destacan en el tiempo de Adviento: Isaías, el profeta que anunciará la esperanza y la alegría de la venida del vástago de David —Jesús, nuestro Salvador— que se sentará en su trono para siempre, y Juan el  Bautista, que aparece bautizando en el Jordán con un bautismo de conversión: “Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad su senda”.Él es fiel reflejo de su predicación: sobrio, recio, sincero, humilde, no se considera digno de desatar las sandalias del Mesías. Estos dos personajes nos introducen en el Adviento llamándonos a la esperanza y a la conversión.

Pero el personaje más importante de este tiempo es la Virgen María, la doncella de Nazaret que ha sido llamada por el mismo Dios para ser la Madre de su propio y único Hijo. Tras el mensaje del Ángel, María queda como desconcertada, abrumada por los designios de Dios sobre ella que no acierta a comprender pero que acepta consciente de todo lo que puede suponer este asentimiento, es por esto que María ha concebido antes que en su seno en su corazón. Su adhesión por la voluntad decidida de obedecer a Dios se realiza primero: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” y después de este fiat confiado y humilde es cuando se realiza la concepción virginal por obra del Espíritu Santo y comienza a gestarse en su vientre el mismo Hijo de Dios.

La fe de María es incondicional, intuye que esta aceptación de la Voluntad de Dios la va a conducir por derroteros difíciles, por caminos insospechados de sufrimiento. Pero ella se limita a obedecer, en libertad, a acatar los designios del Altísimo sin pedir signos porque se fía plenamente de Dios. Y es que María tenía un corazón íntegro y sin fisuras que había entregado a Dios de una vez para siempre. Ciertamente había sido preservada del pecado original, pero ella libremente puso su vida en las manos del Altísimo y guardó en su corazón todos los acontecimientos como designios de Dios. Fue fiel, fiel en todos y cada uno de los momentos de su existencia, en el gozo de Belén y en la amargura de la cruz. Por eso es merecedora del título  “Arca de Santidad”.

Isabel Rodríguez de Vera 

Añadir comentario