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Mártires de Burundi 

Se acaba de proclamar abierto el Proceso para la beatificación del p. Michel Kayoya (Burundi 1944-1972). La noticia llega a los 47 años de su muerte trágica.

La Iglesia, además de probar que vivió la virtud en grado heróico, requiere uno o dos milagros hechos por su mediación para declararlo como beato, o santo; pero si se reconoce que lo mataron por odio a la fe, entonces no se necesitará de ningún milagro para que sea proclamado mártir.

El p. Kayoya ha sido un clarividente observador de los retos de la fe en su tierra natal recién convertida al cristianismo a finales del s. XIX.

En la sociología de las religiones aplicada (al cristianismo), se distingue claramente entre religiosidad natural y fe. Las actitudes religiosas no son necesariamente frutos de la fe cristiana, el pietismo y el sentimentalismo no son expresión de la fe sino sucedáneos, apariencias.

Uno puede tener poses muy religiosas y rezar mucho sin tener para nada una relación personal con Jesucristo muerto y resucitado, tal vez porque nunca escuchó un kerigma, para creer en él. El p. Kayoya conocía estas variantes del comportamiento religioso, y les puso nombre: la religiositis

Sus escritos en lengua francesa, hoy están traducidos al italiano y el alemán.

“Mártires de la fraternidad”, un nombre que engloba la primera causa de canonización que se ha abierto en Burundi el pasado 21 de junio en la Catedral de Bururi, de manos de su obispo, Mons. Venant Bacinoni. En este grupo están incluidos los 40 seminaristas asesinados en Buta, el primer mártir, el sacerdote burundés Michel Kayoya (+ 17 de mayo 1972), dos misioneros javerianos Ottorino Maule y Aldo Marchiol, y la voluntaria Catina Gubert.

Michel Kayoya, tras una vida dedicada a promocionar la Iglesia y una sociedad libre en Burundi, con la fundación del Centro Cultural de Buyogama, la promoción de la Acción Católica y la creación de cooperativas. Con una personalidad arrolladora, fue párroco, rector de seminario, ecónomo en la diócesis de Muyinga, creó un órgano de animación para los sacerdotes, la Union du Clergé Incardiné, que sigue hoy con sus actividades. Fue arrestado y asesinado, no antes de haber cantado el Magníficat y haber dirigido palabras de perdón a los soldados que le iban a fusilar.

Los 40 seminaristas del seminario de Buta fueron asesinados el 30 de abril de 1997 en la terrible época del “genocidio” que asoló Ruanda, parte del Congo y Burundi. Dos razas, los hutus y los tutsis, que habían vivido durante siglos en la misma zona, comenzaron a exterminarse unos a otros.

Aquel día se presentó un numeroso grupo armado ante el seminario. Pidieron a los seminaristas que se separaran entre hutus y tutsis. Tras reunirse y sabiendo lo que les esperaba, los seminaristas se negaron de modo rotundo y valiente. Jamás los separarían y así la sangre de dos razas enfrentadas se derramó por amor.

Los dos misioneros javerianos, Ottorino y Aldo, y la voluntaria Catina fueron asesinados en su misión de Buyengero, entre las montañas que dominan el lago Tanganika. Los tres murieron con un tiro en la cabeza.

El obispo de Bururi de aquel entonces, Mons. Bernard Bududira, dijo en su funeral: “El asesinato de los padres Ottorino y Aldo y de Catina Gubert es una verdadera vergüenza… no caigamos nosotros en la trampa del odio y de la división; los padres Maule y Marchiol nos impidieron siempre seguir el camino de la confrontación. Os invito a rezar a Dios nuestro Padre para que podamos imitar el ejemplo de nuestros amigos que acaban de ser masacrados en nuestro suelo” (1).

(1)OMPRESS-BURUNDI (3-07-19).

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