Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|viernes, septiembre 20, 2019
  • Siguenos!

Matrimonio cristiano, cosa de tres 

Solo quien vive unido al Creador tiene dentro de sí Vida eterna; por eso, no teme donarse a sí mismo, no se resiste al mal, no lo destruyen los pecados de los demás y puede amar incluso al “enemigo”, hasta dar su vida por él. Cuando el hombre se separa de Dios, cuando niega a su Creador, se aparta de la fuente de la Vida y se erige en único centro de ella, sufre dentro de sí la muerte ontológica, la incapacidad de amar y de entregarse al “otro”. Esta experiencia se vive con frecuencia en el matrimonio.

En ocasiones, no pocos católicos que perdieron la fe y viven apartados de la Iglesia, deciden casarse en ella por razones ajenas al sentido profundo del sacramento. No es de extrañar que muchos de estos matrimonios, cuando surgen las dificultades de la vida conyugal, quiebren y terminen instando la separación, el divorcio o, en algunos casos, la nulidad.

El día 26 enero de 2013 el Papa pronunció su Discurso anual a los miembros del Tribunal de la Rota Romana, con motivo de la inauguración del año judicial, que este año, en el contexto del Año de la Fe, ha dedicado a analizar la relación entre la fe y su carencia, y la validez del vínculo matrimonial. El Papa recuerda que, siendo el matrimonio una realidad natural, como pacto irrevocable, en el plano teológico la relación entre la fe y el matrimonio asume un significado más profundo, porque cuando se celebra entre bautizados, es elevada por Cristo a la dignidad de sacramento.

esposos cristianos: mensajeros de la belleza

El pacto indisoluble entre hombre y mujer no requiere, a los fines de la sacramentalidad, la fe personal de los contrayentes, sino que, como señaló la Comisión Teológica Internacional en 1977, para contraer válidamente matrimonio, la condición mínima necesaria es que los contrayentes tengan la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Pero el Papa advierte que, “si bien es importante no confundir el problema de la intención con el de la fe personal de los contrayentes, no es posible separarlos totalmente”, porque cuando no se advierte ningún rastro de fe personal ni deseo alguno de la gracia y de la salvación, se plantea si la intención general y verdaderamente sacramental de los contrayentes está presente o no y si el matrimonio se contrae válidamente.

La sociedad occidental del siglo XXI sufre una grave crisis de fe y de valores morales, a la vez que, en el contexto social y cultural que nos ha tocado vivir, el subjetivismo y el relativismo ético y religioso se erigen en valores imperantes. En la Europa construida sobre la tradición y la civilización judeo-cristiana se vive, se legisla, se gobierna, como si Dios no existiera. Resulta paradójico que, mientras se apela a la solidaridad y a la tolerancia en el marco de las sociedades pluralistas, la cultura dominante sea la llamada “cultura de la muerte”, centrada en la exaltación del bienestar, el hedonismo absoluto, el culto al propio cuerpo.

Consciente de la cultura contemporánea, el Papa advierte de los desafíos que se plantean a la persona y a la familia, entre los que destaca la capacidad misma del hombre de vincularse en una unión para toda la vida. Y señala que “solo abriéndose a la verdad de Dios es posible comprender y realizar en la concreción de la vida, también conyugal y familiar, la verdad del hombre como su hijo, regenerado por el bautismo”.

Y es que, efectivamente, solo Dios nos capacita para amar. Por eso, “el rechazo de la propuesta divina conduce a un desequilibrio profundo en todas las relaciones humanas, incluida la matrimonial, y facilita una comprensión errada de la libertad y la autorrealización que, unida a la fuga ante la paciente tolerancia del sufrimiento, condena al hombre a cerrarse en su egoísmo y egocentrismo”. Por el contrario, la acogida de la fe hace al hombre capaz de donarse, de abrirse a los otros, a los hijos, a la familia, aceptando el sufrimiento.

el amor genuino es como el oro, permanece intacto

El Papa subraya que la fe, sostenida por la gracia divina, es un elemento muy importante para vivir la entrega mutua y la fidelidad conyugal. Ello no significa que la fidelidad y las demás propiedades no sean posibles en el matrimonio natural de los no bautizados; pero cerrarse a Dios o rechazar la dimensión sagrada de la unión conyugal “puede llegar a minar la validez misma del matrimonio cuando se traduzca en un rechazo de la obligación conyugal de la fidelidad o de los otros elementos y propiedades esenciales del matrimonio”.

Del mismo modo, la fe de los contrayentes es importante para la realización del auténtico bien de los esposos, que consiste en querer siempre y en cualquier caso el bien del otro, en orden a constituir una auténtica comunidad de vida conyugal, porque la fe hace crecer y fructificar el amor de los esposos. Es verdad que en numerosos casos, en el contexto cultural en que vivimos, la ausencia total de fe puede llevar a los contrayentes a rechazar alguno de los bienes del matrimonio (el propio bien de los cónyuges, o de la procreación, la exclusividad, o la perpetuidad del vínculo). En estos casos, aunque no existe un automatismo entre falta de fe y nulidad del matrimonio, el Papa recuerda que tal carencia puede, aunque no necesariamente, herir también los bienes del matrimonio, desde el momento en el que la referencia al orden natural querido por Dios es inherente al pacto conyugal.

Sin embargo, el Papa recuerda también a los santos que han vivido la unión matrimonial y familiar desde la fe, y fueron capaces de superar las situaciones más adversas, logrando la santificación del cónyuge y los hijos con un amor que se ve reforzado por una sólida fe en Dios, una sincera piedad religiosa y una intensa vida sacramental. Seguramente todos tengamos cerca familiares y amigos que viven de este modo su matrimonio y su fe. A ello estamos todos llamados, con la ayuda de la Gracia que en el mismo sacramento del matrimonio hemos recibido.

Lourdes Ruano Espina
Catedrática de Derecho Canónico y Eclesiástico del Estado
Miembro de la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar

Añadir comentario