Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|miércoles, junio 19, 2019
  • Siguenos!

“MI ALEGRÍA ESTÁ COLMADA” 
12 de Enero
Por Horacio Vázquez

“En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. A Juan todavía no le habían metido en la cárcel.

Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron: “Oye, Rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ése está bautizando, y todo el mundo acude a él.

Contestó Juan. “nadie puede tomarse algo para sí, sino se lo han dado desde el cielo. Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: “Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él”. El que lleva a la esposa, es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar” (San Juan 3, 22-30).

COMENTARIO

Seguramente, en este Evangelio de Juan, estamos asistiendo a un pequeño conflicto entre la eficacia purificadora del “bautismo de conversión” de Juan el Bautista, y el bautismo de Jesús, si bien, es muy posible que no fuera Jesús quien lo impartiera personalmente, sino sus discípulos. Sea como fuera, es lo cierto, que uno de los discípulos de Juan contendía a este respecto con los discípulos de Jesús, pues es muy posible que estos atribuyeran una mayor eficacia al bautismo de su Maestro.

Y quizá no tanto por ello, que carecemos de datos, como por el hecho de que eran muchos los que acudían al bautismo de Jesús, mientras que menguaban los conversos de Juan, pues “…todo el mundo acude a él”, en palabras del judío seguidor de Juan. Es evidente que en la queja parece que se aprecia un poso de resentimiento por esta circunstancia, y lo que es más llamativo, que el discípulo de Juan considera a Jesús como un mero rival o competidor de su maestro.

Pero la respuesta del Bautista no deja lugar a dudas sobre el lugar que debe ocupar cada cual, y es plenamente consecuente con lo que les había dicho a los que habían insinuado que si era el Mesías que esperaban, en Mateo 3, 16: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”, pues les dice: “Nadie puede tomarse algo para sí sino se lo dan desde el cielo”, y les recuerda lo que ellos ya habían escuchado de sus labios: “Yo no soy el Mesías, sino el que ha sido enviado delante de él”. Y así, poniendo el ejemplo de las bodas, les dice que él no es el novio en esa ceremonia, que el novio es Jesús, y él solo es un amigo del novio, pero que los amigos de los que se casan también se alegran con su misma alegría, y así, les dice Juan, “esta alegría mía está colmada”.

El bautismo de Juan y el bautismo de Jesús, son ceremonias de transición hacia el bautismo de la Iglesia, el que se realiza ahora en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Añadir comentario