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Misa de acción de gracias por la canonización de Juan Pablo II. 

-Esta mañana a las 10,00 en la Plaza de San Pedro, el cardenal Angelo Comastri, vicario general de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano y arcipreste de la basílica vaticana ha celebrado una misa de acción de gracias por la canonización de Juan Pablo II.

La eucaristía ha estado precedida por el saludo del cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia (Polonia) ,que fue el secretario del nuevo santo. ”Ayer -ha dicho dirigiéndose a los miles de fieles que llenaban la Plaza- se han inscrito entre los santos dos papas beatos: el primero, Juan XXIII, hijo de la tierra italiana, se mereció el título de Papa Bueno. Fue él quien convocó, hace más de medio siglo, el Concilio Vaticano II. El segundo, Juan Pablo II, hijo de la tierra polaca, el Papa de la Divina Misericordia, dio vida a las decisiones del Concilio e introdujo a la Iglesia en el tercer milenio de la fe”.

”Damos gracias a Dios por este don doble. Damos gracias por el testimonio extraordinariamente transparente de amor y servicio de esos dos pastores…Y por este don doble damos las gracias de todo corazón al Santo Padre Francisco porque ya desde el primer año de su pontificado tomó la decisión de canonizar a sus predecesores fijando la fecha en el Domingo de la Divina Misericordia” , ha añadido el cardenal arzobispo que ha concluido su intervención dando las gracias también en nombre de sus compatriotas a Italia y a todos sus habitantes ”por haber acogido tan cordialmente, hace años, a Karol Wojtyla, como obispo y papa, llegado a Roma ‘de un país lejano’. Italia pasó a ser para él una segunda patria y hoy seguramente Juan Pablo II la bendice desde lo alto, como bendice también a Polonia y al mundo entero. En su corazón encontraron lugar todas las naciones, las culturas y las lenguas”.

Por su parte el cardenal Comastri, rememorando las palabras de Juan Pablo II: ”Los santos no nos piden que les aplaudamos, sino que los imitemos” ha invitado a los peregrinos a imitar al nuevo santo que tuvo ”el valor de defender abiertamente la fe en Jesús en una época de apostasía silenciosa … de defender la familia, la vida humana , la paz mientras soplaban vientos de guerra… de salir al encuentro de los jóvenes para librarlos de la cultura del vacío y de lo efímero invitándoles a acoger a Cristo, única luz de la vida y el único capaz de dar plenitud de alegría al corazón humano”.

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