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Misas con niños 

Álvaro Menéndez Bartolomé
Licenciado en Liturgia (Facultad de Teología San Dámaso)

La Sagrada Congregación para el Culto Divino en su Directorio para Misas con niños hace especial hincapié en que «la Iglesia debe cuidar especialmente de los niños bautizados cuya iniciación ha de ser aún completada por los Sacramentos de la Confirmación y la Eucaristía y también de aquellos que han sido recientemente admitidos a la Sagrada Comunión, ya que las condiciones de vida actual en las que estos niños crecen, son menos favorables a su progreso espiritual. Además los padres a menudo apenas cumplen las obligaciones de una educación cristiana de sus hijos, obligaciones que aceptaron al bautizarlos». Por eso «en orden a una participación más fácil de los niños en los cantos del Gloria, Credo, Sanctus y Agnus Dei» estos podrían ser modificados en sus textos «aun cuando no concuerden plenamente con los textos litúrgicos».

Antes de nada, y para empezar, sostengo que tratar de justificar semejante licencia adaptativa me parece un intento condenado a justificar lo injustificable. ¿Quién estuvo detrás de dicha libertad creativa? La verdad es que casi prefiero no saberlo. Por otra parte, a menudo no es fácil saber qué adaptaciones textuales han sido autorizadas por la autoridad competente en esos casos. Y ahí te la suelen colar, dando gato por liebre. Eso hay que reconocerlo. En mi opinión estas concesiones no son nada provechosas. Es como si yo les enseñara una paráfrasis del Padrenuestro a mis hijos en lugar de la literal oración dominical. El Padrenuestro es como es y punto. Lo demás, lo pongan como lo pongan, son concesiones ñoñas, sinceramente.

el riesgo de instrumentalizar la liturgia

¿Me puede explicar alguien qué no puede entender un niño de una aclamación tan sencilla en su letra como el “Sanctus”? ¿Y del “Agnus Dei”? El “Agnus Dei” es tan breve y tan sencillo que cualquier paráfrasis pseudolitúrgica ha de ser, o bien necesariamente más complicada, o bien la expresión de una particular comprensión explicativa que estará muy bien como catequesis y/o explicación, pero que no sería conveniente en la celebración litúrgica. En cuanto al “Credo” está claro que toda adaptación es equivocada. Por otra parte, el “Credo” en forma de pregunta-respuesta no es una opción. Es la forma de realizarlo al renovar las promesas bautismales sola y únicamente en la Vigilia pascual y en el Sacramento de la Confirmación. Lo demás es un abuso de esa práctica. Lo propio siempre fue la recitación de memoria del símbolo de la fe.

El “Gloria”, sinceramente lo pienso, no es en extremo difícil de captar, al menos en sus contenidos básicos, si hay una previa introducción con los niños a la verdadera piedad aprovechando muchos otros momentos y situaciones, empezando desde el propio hogar, con la adecuada catequesis de padres y ministros. En la liturgia se vive lo expresado. No me puedo callar, y pienso sinceramente que esas concesiones del Directorio para las misas con niños pueden acabar (y a los hechos me remito) en algo peor de aquello que pretenden evitar. Al final sucede que oraciones de la Iglesia como las citadas terminan transformándose en explicaciones cantadas, de modo que la liturgia se convierte en algo en lo que tratamos de explicarnos a nosotros mismos lo que entendemos de tal o cual oración, o bien se termina “rezando” la explicación de la oración que alguien propone. Es la pura instrumentalización de la liturgia post-Vaticano II.

de simplón a confuso

Hagan la prueba: las adaptaciones hechas a las mencionadas oraciones subestiman al niño —he sido profesor también en Primaria y sé hasta dónde puede llegar un infante de capacidades normales (a pesar de que en la escuela se baja el listón de la exigencia… y en la Iglesia también)—. Hagan la prueba, repito: al final dichas oraciones son sustituidas por textos que ni son más sencillos que aquellas (que serían oraciones supuestamente dificilísimas) ni son más piadosos (según la verdadera piedad) y que, para más inri, o bien son ñoños e infantiloides o bien caen en lo farragoso y abstruso, aún más ininteligible para aquellas mentes infantiles a quienes pretendidamente se trata de preservar de “la dificultad de comprender” algo tan simple como, por ejemplo, la letra del “Sanctus”.

Desde aquí aseguro que mis hijos de tres y cuatro años no tienen ningún problema. No digo que entienden toda la verdad que contienen tales oraciones; simplemente digo que se adhieren sin problema a los textos de dichas oraciones con progresión obediente. Respecto a esto, dicho sea de paso, ha de recordarse que los misterios de la fe se pueden comprender pero nunca abarcar en su plenitud hasta el ver a Dios cara a cara sin velos, cuya riqueza divina es tan grande.

Está claro que intento creer que el “motivo” de la concesión libertaria propuesto por el Directorio mencionado es que el magín de quien/quienes lo redactaron trataba de preservar a los nenes de la supuesta “dificultad” de tales cantos del ordinario de la Misa. Al menos es lo que se me ocurre imaginar… Pero tampoco hay que ser muy avieso para entender que hay más motivos, los cuales recorren el arco que va desde lo oscuro de ciertas maquinaciones hasta la expresión más artera de la flojera mental (¿alguien dijo “pensamiento líquido”?) propia de esas intenciones “pastorales” a partir de las cuales lo pastoral consiste en vender al mejor postor.

NOTAS

[1] Dice el mencionado Directorio, respecto al canto y a la música: «30 – El canto, si bien hay que darle gran importancia en todas las celebraciones, debe fomentarse de manera especial en las misas con niños por razón de su peculiar afición a la música, teniendo en cuenta el carácter propio de los diversos pueblos y la propia capacidad de los niños presentes (26). Donde sea posible, las aclamaciones, especialmente las propias de la Plegaria Eucarística, deben ser cantadas por los niños mejor que recitadas.
31 – En orden a una participación más fácil de los niños en los cantos del “Gloria”, “Credo”, “Sanctus” y “Agnus Dei”, pueden emplearse con temas musicales adecuados, interpretaciones populares aprobadas por la autoridad competente, aun cuando no concuerden plenamente con los textos litúrgicos (27).
32 – También en las misas con niños “pueden tener una gran utilidad los instrumentos musicales” (28), de modo especial si son tocados por los mismos niños. Contribuyen, bien a sostener el canto o bien a alimentar la meditación de los niños, al mismo tiempo expresan a su manera el gozo festivo y la alabanza a Dios.
Póngase gran cuidado siempre de que la música no prevalezca sobre el canto ni que sea causa de distracción para los niños en vez de edificación; debe responder a la finalidad que le ha sido asignada a cada uno de los momentos en que se emplea la música en la misa.
Con estas mismas cautelas, con la debida circunspección y particular discreción podrá emplearse en las misas con niños y según las normas establecidas por las Conferencias Episcopales la música registrada».

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