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Mons. Luis Argüello sobre el «pin parental»: «Los hijos no somos propiedad de los padres, ¡menos del Estado!» 

Mons. Luis Argüello sobre el «pin parental»: «Los hijos no somos propiedad de los padres, ¡menos del Estado!»

LA MINISTRA SOCIAL-COMUNISTA NEGÓ LA PERTENENCIA DE LOS HIJOS A LOS PADRES

Ha afirmado también que: «Decidir en el supermercado, navegar por la red y, sobre todo, decisiones sentimentales o populistas que generan dependencias y desvinculan. El totalitarismo ha aprendido a elogiar al individuo para someterlo más fácilmente. La familia y «la familia de familias» estorban»

(InfoCatólica) Mons. Luis Argüello, Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, ha respondido en su cuenta de Twitter a las declaraciones de la Ministra de Educación del gobierno social-comunista de España, que afirmaba que «No podemos pensar de ninguna de las maneras que los hijos pertenecen a los padres».

Las palabras de la Ministra de Educación confirman el carácter totalitario del nuevo gobierno y no suponen más que otra vuelta de tuerca, con la excusa del pin parental, en las políticas educativas con las que pretenden someter a las familias españolas. Ya hace dos meses se descolgaba en el Congreso de Escuelas Católica negando que la Constitución española garantice el derecho de los padres a elegir colegio y enseñanza religiosa para sus hijos.

Mons. Argüello ha entrado en la discusión yendo al fondo, a las raíces antropológicas de la cuestión

Los hijos no somos propiedad de los padres, ¡menos del Estado! Tampoco somos propietarios de nuestro cuerpo. No somos cosas. Ser hijo, supone participar de un vínculo, fruto y origen de otros vínculos que respetados y armonizados, hacen posible el bien común, personal y social. (1/3)

Hoy se propone el ideal del individuo desvinculado. Sin vínculos, más autónomo y más libre, para «decidir sobre todo». La desvinculación nos debilita frente al PODER que viene en ayuda de nuestra debilidad para decidir por nosotros. Eso sí, nos ofrece algunas migajas: (2/3)

Decidir en el supermercado, navegar por la red y, sobre todo, decisiones sentimentales o populistas que generan dependencias y desvinculan. El totalitarismo ha aprendido a elogiar al individuo para someterlo más fácilmente. La familia y «la familia de familias» estorban. (3/3)

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