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Nada sobra 
13 de Abril
Por Antonio Pavía

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: -«¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?» Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer, Felipe le contestó: – «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.» Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: – «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?» Jesús dijo: – «Decid a la gente que se siente en el suelo.» Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: -«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.» Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: – «Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.» Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo (San Juan 6, 1-15).

COMENTARIO

Otra vez la multiplicación de los panes; sin embargo, Juan aporta un dato catequético sumamente sorprendente: nos dice que cuando toda la multitud quedó saciada Jesús dijo a los apóstoles: “Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda”. La verdad es que no tiene sentido alguno que Jesús, que acaba de multiplicar unos panes convirtiéndolos en varios miles se preocupe por unos mendrugos sobrantes. Es evidente que estamos ante una catequesis oculta que intentaremos sacar a la luz. Estos trozos sobrantes son para los discípulos de todos los tiempos. Son su pan y, al mismo tiempo, el pan con el que alimentan la fe de sus hermanos. Es el Pan de la Palabra que nos fortalece y nos capacita para disfrutar del Pan de la Eucaristía.

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