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¡Nadie nos ama como Dios! 
24 de Septiembre
Por Miguel Iborra Viciana

Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado”. “Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro, tomando la palabra, respondió: “Tú eres el Mesías de Dios”. Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie. “El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día” (San Lucas 9, 18-22).

COMENTARIO

Este texto evangélico, viene a responder a los múltiples interrogantes que se hacían los hombres y mujeres del tiempo de Jesús. Jesús es el Mesías de Dios, es decir, el que Dios envía para realizar su designio de salvación, pero Jesús impone silencio a sus discípulos sobre esta confesión mesiánica justo antes de anunciarles su muerte próxima.

En mi oración, imagino a Jesús preguntándome, “¿Quién dices que soy yo?” ¿Qué contesto? Qué Dios está conmigo y que continúe dándome la fortaleza que necesito para seguir cumpliendo con su Palabra y hacer creíble ante el mundo nuestra profesión de fe cristiana, que penetre y transforme  a la sociedad  para que Dios se haga realidad entre los hombres y seamos una verdadera colectividad de  fraternidad humana.

Para llegar a percibir la presencia de Dios hay que ser humildes. Él es la Luz de donde proviene todo conocimiento y sabiduría. Nosotros solo podemos rendirnos a ella, dejándonos llevar: ¡Nadie nos ama como Dios!

 

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