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Ni cansas ni te cansas 
5 de Agosto
Por Ramón Dominguez

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
–Maestro, ¿cuándo has venido aquí? Jesús les contestó: Os lo aseguro: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.
Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.
Ellos le preguntaron: ¿Cómo podremos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere?
Respondió Jesús: Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que él ha enviado.
Ellos le replicaron: ¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo».
Jesús les replicó: Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
Entonces le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan.
Jesús les contestó: Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed (San Juan 6, 24-35).

COMENTARIO

La gente ha contemplado maravillada las obras de Cristo: ha renovado centuplicados los prodigios del Éxodo. Con cinco panes y dos peces ha dado de comer a más de cinco mil personas. La muchedumbre quiere proclamarlo rey, pero Jesús ha huido  alejándose de la gente caminando sobre el lago hasta su ciudad de Cafarnaum. Allí lo han seguido las gentes ansiosas de seguir contemplando maravillas.

Jesús, al ver al gentío y al notar el interés que les guía, les pone ante la verdad. Le buscan porque les basado de comer pero no han sido capaces de trascender el signo para descubrir la verdad. No es importante dar de comer un día a una multitud, dando un alimento que sacia momentáneamente. Jesús les insta a mirar más alto, si le buscan que sea por algo que valga la pena, por un alimento que sacia para la vida eterna.

El alimento verdadero es Jesús mismo. Los hombres buscan la vida haciendo su voluntad porque creen que de este modo serán felices, pero la verdadera felicidad está en hacer la voluntad de Dios, porque la voluntad de Dios es que el hombre viva. Este es el alimento de Cristo, pues él ha recibido un cuerpo para hacer la voluntad del Padre, que lo ha enviado.  Quien está en la voluntad de Dios “ni cansa ni se cansa”, como diría Juan de la Cruz, no cansa a los demás con sus exigencias ni se cansa a si mismo puesto que reposa en la voluntad de Dios. Este es el verdadero alimento que sacia hasta la vida eterna.

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