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La confianza y la perseverancia 
27 de Noviembre
Por José Manuel Mora-Fandos

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas» (San Lucas 21, 12-19).

COMENTARIO

En este pasaje aparecen resaltadas dos actitudes que son dos virtudes, la confianza y la perseverancia. Jesús prevenía a sus discípulos sobre situaciones que se cumplirían en sus vidas, pero también, de un modo u otro, a todos sus discípulos a lo largo de la historia.

En nuestro presente, en que se nos incita a calcular, prever, controlar el tiempo disponible cada vez con mayor precisión, minimizando los riesgos y buscando garantías, es fácil que se deslice esta mentalidad al trato con Dios y los demás. El bienestar, necesario en su debida medida, se presenta muchas veces como una exigencia absoluta, que hay que asegurar con todas las fuerzas. Pero la ansiedad por el bienestar es un auténtico malestar. Y sobre todo, ¿cómo meter la felicidad futura en una planificación de eficiencia probada? ¿Cómo planificar a Dios? Sabemos que nuestra salvación no viene por nuestras propias fuerzas —aunque sea necesario nuestro empeño—, por una actitud de confianza en lo que uno o una puede hacer por sí mismo, porque en el fondo sería poner las propias fuerzas y los modos de ver por encima de la gracia de Dios. La confianza en quien nos ama con un amor más fuerte que la muerte, y la perseverancia en la confianza depositada son el camino, la lógica más allá de toda lógica meramente humana. Una salvación que ya comienza en este mundo y que, en medio de las dificultades, reconocemos por la paz y la alegría que nos da.

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