Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|lunes, julio 22, 2019
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NIÑOS Y ENAMORADOS 

Carta a mi Señor:

Te decía hace poco que encuentro mucho parecido entre los niños y los enamorados. Y me preguntaron, no sé si con algo de desdén, en qué veo yo esa semejanza. La comparación se me ocurrió el día del arco iris, cuando sobrecogidos por el estallido de una belleza esplendorosa y repentina, muchos nos apresuramos, alborozados, a comunicárnosla unos a otros. Entonces me acudió el recuerdo de cuando, muy pequeña, corría a echarme en brazos de mi madre para decirle, por ejemplo: “Está brotando lo que planté…” o “El pez amarillo no se ha muerto, está contento…”  o a veces, “Mira qué chichón me ha salido…”  Y sin querer, me vino el pensamiento de que aún, ¡tantos años después!, me apresuro a decir: “¡Mira qué luna enorme y anaranjada!” o “Un corzo ha ido andando a mi lado casi hasta la puerta de la iglesia…” Ya no se lo digo ni a mi madre ni a mi padre, pero sí a personas que quiero y en las que confío…

Los niños esperan todo lo bueno. También los enamorados. Algunos dicen de ellos que el amor les impide ver la realidad. ¿Cuál es la realidad? Quienes los creen ilusos, preguntan, como Pilatos: “¿Qué es la verdad?” Y otros piensan: “Ya les vendrá el desengaño”. ¿Acaso la verdad es lo que perciben las personas que no son niños ni viven en amor y tienen los ojos amargos? Quizá la realidad y la verdad sean permanecer en el amor, que es permanecer en la niñez, que es permanecer en ti; hacerse siempre como niños… ¿No eres Tú la verdad? ¿Por qué va a ser lo cierto lo que está fuera del amor, o sea fuera de ti, y lo demás un engaño? El mundo y la vida no son grises ni sucios.

Los niños no ven lo feo, no han tenido tiempo de adquirir las pautas para ver lo malo. Todo es bueno y claro, todo es hermoso, hechura de tus manos.

Los que están en amor solo ven a través del amor, todo fulgura, todo es limpio. Tú lo has limpiado: su vida, sus caminos, a ellos mismos. Triste y gris solo ven los amargados.

Los niños viven en la confianza y en la alegría. Cuando se encuentran con algo triste o feo, miran esperando que eso desaparezca, que alguien les diga que no es cierto, que ha pasado una sombra oscura y efímera.

Y así los del amor. Viven en esa luz, brillan los colores, resplandece el mundo entero. Porque Tú vives en ellos, estás en la verdad de los niños y en la verdad de los que aman, en la claridad transparente de la confianza. Hemos llegado a conocer y hemos creído en el amor que Dios nos tiene. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios permanece en él.

Te escribiré de permanecer en amor…

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