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No dudes nunca de la misericordia de Dios 
07 de Noviembre
Por Ángel Moreno

Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: “¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra?” Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta» (Lc 15, 1-10).

COMENTARIO

No se comprende bien que el pastor abandone a las noventa y nueve ovejas por buscar a una que se ha perdido. Puede parecer irresponsabilidad, pues cabe que cuando vuelva, se hayan perdido otras. Sin embargo, alguna enseñanza importante debe mostrar la parábola, que en principio parece ilógica.

Una de las posibles explicaciones que se dan es que para el pastor bueno, cada oveja es única, y lo que le sucede a cada una atrae por entero su atención. Jesús, que personaliza la imagen del pastor bueno, nos enseña que para Él cada uno somos único. No se nos trata de manera gregaria, sino individual, aunque con sentido de pertenencia y comunitario.

El ejemplo que pone el Maestro está en relación con el ofrecimiento de la misericordia. Nadie debería sentirse excluido del abrazo del Pastor bueno, pues Jesús expresa la alegría que siente al rescatar a la oveja perdida.

De manera semejante al ejemplo de la oveja perdida y buscada por el pastor, la parábola de la moneda perdida, que busca la mujer, indica la responsabilidad, pero también el amor. Por nada desea la mujer arriesgar su matrimonio, y si extravía una moneda de la dote, el marido puede pedir acta de repudio. Por nada desea Jesús que se pierda uno de nosotros, y empleará todos los recursos para ofrecernos su abrazo.

No dudes nunca de la misericordia de Dios.

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