Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|martes, agosto 11, 2020
  • Siguenos!

No jures 
13 de Junio
Por Jerónimo Barrio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus votos al Señor.” Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir “sí” o “no”. Lo que pasa de ahí viene del Maligno» (San Mateo 5, 33-37).

COMENTARIO

Hoy lo de jurar no se lleva. Cuando vemos a los actuales ministros en la toma de posesión de sus nuevos cargos, difícilmente vemos un crucifijo y una Biblia para la fórmula del juramento. Se prefiere prometer a jurar porque el hombre de hoy cree mucho en sí mismo y muy poco en Dios. Dios  no vale como testigo de un asunto de interés porque todo el mundo sabe que Dios ya no existe… Existió en la época de nuestros padres y abuelos, que en alguna ocasión juraban, al menos ante la bandera, cuando hacían la mili, pero ahora está pasado de moda y todo lo que no está de moda, sencillamente no existe. Es la lógica del pensamiento moderno, por llamarlo de alguna forma.

Para los que creemos que la existencia de las cosas no depende de nuestra forma de pensar sino de una Verdad que nos supera y en la que estamos inmersos por pura voluntad y regalo y a la que llamamos Vida, Jesús hoy nos llama la atención sobre este asunto aparentemente pasado de moda.

“Habéis oído que se dijo a los antiguos: “no jurarás en falso” y “cumplirás tus juramentos al Señor”, pero yo os digo que no juréis en absoluto…

A Jesús no le vale con que se haga un esfuerzo por cumplir lo jurado o con no hacer un uso blasfemo del juramento, Jesús va más allá y radicalmente te dice: No jures.

¿Porque esta actitud tan contundente? Jesús es la Verdad, la Palabra de Dios hecha carne. Conoce la naturaleza humana porque la ha compartido y la ha sufrido. Vio a Pedro jurar que no le conocía y recibió el beso de Judas para entregarlo. Los hombres vivimos cotidianamente entre mentiras, unas son manifiestas y elaboradas, otras son fruto de nuestra fragilidad y de nuestros temores. Creemos que somos capaces de mucho y luego no podemos lo mínimo. Nos creemos muy seguros de nuestra bondad, pero ser bueno es luego más difícil de lo que nos imaginábamos y fallamos a aquellos con los que nos habíamos comprometido. Ser bueno y ser fiel es tan difícil que sólo con la gracia de Dios lo podemos lograr.

A todo esto es a lo que se refiere el Señor cuando nos dice que no juremos. Nos viene a decir que no nos hagamos los chulitos poniendo a Dios por testigo de nuestras fanfarronadas en la vida. Es mejor limitarnos a un simple “si” o a un simple “no”, que perderse en la ofensa a Dios usando su nombre como garante de aquello en lo que acabaremos fallando. El si y el no, vienen del humilde compromiso de un ser humano para las cosas humanas, sin mezclar a Aquel que nunca falla entre los que fallan siempre.

Jesús separa con claridad los dos terrenos, el humano y el divino. Aunque seas un Santo, no tienes legitimidad para el juramento, no lo hagas, porque no es necesario. Dejemos a Dios tranquilo, dejemos a La Verdad en su sitio y vivamos intentando acariciarla pero no la tomemos prestada para nuestras osadas aventuras de la vida en las que necesitamos un prestigio que no tenemos.

No robemos a Dios su prestigio, el único verdadero. Nuestra aspiración debe ser más simple: “si, si, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno”.

Añadir comentario