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¿Qué es amar a Dios? 
21 de Junio
Por Carmen Montes

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo aprueba: Maestro, ¿Cuál es el mandamiento principal de la ley?

Él le dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”

Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás  a tu prójimo como a ti mismo”

Estos dos mandamientos sostienen la ley entera y los profetas (San Mateo 22, 34-40).

COMENTARIO

Los saduceos y fariseos eran dos sectas religiosas dentro del judaísmo en los tiempos de Cristo. Constituían la clase dominante en Israel, pero entre ellos había importantes diferencias, y discutían entre sí.

Los saduceos pertenecían a la clase social más alta y muy asociados al poder incluso pactando con el gobierno romano, controlaban así el sumo sacerdocio y eran mayoría en el Sanedrín. Sólo admitían La Torá (los cinco libros de Moisés) y no creían en la resurrección.  Los fariseos eran más populares, su prioridad era el judaísmo y se resistían al gobierno romano deseando la independencia de Israel. Admitían como igual en autoridad  la Torá y la tradición oral.

Jesús hace callar a los saduceos al hablarles de la resurrección y a continuación los fariseos muy crecidos,  le proponen una pregunta difícil que ellos mismos discutían. Habían desarrollado  a partir de la ley un listado de 613 prescripciones (365 prohibiciones y 248 obligaciones).

Pero esto no nos es tan lejano; también en la Iglesia a lo largo de los siglos ha ido creciendo el número de preceptos y  normas para regular los diversos aspectos de la vida cristiana.

A veces damos demasiada importancia a cuestiones de carácter litúrgico o disciplinar, mandatos fáciles o difíciles, pecados graves o leves…

Pero ¿Qué es lo esencial?, ¿Qué es lo primero y más importante?

Estamos muy acostumbrados a vivir inmersos en el individualismo moderno. Para muchos el ideal de vida es “sentirse bien”, la calidad de vida, asegurar un “mínimo” bienestar material, afectivo y psicológico. Este criterio nos sirve para vivir nuestra espiritualidad, nuestra religión. Cada uno que haga lo que más le convenga sin meterse en la vida de los demás y naturalmente, sin perjudicar a nadie. Y eso es todo.

A veces damos por supuesto que somos cristianos y puede que no sea verdad, porque no basta con que creamos en Dios, también los demonios creen en Dios.

Al final solo aspiramos a convertirnos en individuos respetables, de comportamiento correcto, ¡y lo logramos! pero vivimos encerrados en nosotros mismos, separados de nuestra propia alma, de Dios y de nuestros semejantes. En la soledad.

 Y así surge en nosotros la necesidad de desmitificarlo todo que termina conduciéndonos a la pregunta primordial:

¿Cuál es el mandamiento principal? ¿Qué es lo esencial?

-“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser” y “Amarás  a tu prójimo como a ti mismo”

Observando la vida de Jesús, no hay duda de que es el amor. Amor es entrega, incluso a los enemigos. El amor se opone a la indiferencia y al egocentrismo propio de nuestra forma de vivir en el mundo moderno

Pero ¿Qué es amar a Dios, como se significa?

Es orientar toda tu existencia de acuerdo con su voluntad, es la seguridad de que Él es un padre bueno que nos quiere bien, es agradecer tu vida tal como es.  Contemplar y desear todo lo bello y lo bueno que hay a tu alrededor. Y alabar por ello

El amor por tanto te arranca de tu individualismo y esto te impele a ver a los demás. A contemplar también en el otro las maravillas del amor de Dios. Te puedes querer a ti mismo y te admiras de la belleza del otro. Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables.

Si esto se hace posible es porque Dios nos amó primero. Te creó por amor, te eligió por amor, se te manifestó por amor. El amor viene de Dios y nos lo manifestó de forma definitiva en su Hijo. Y ¿hasta dónde llega el amor?: hasta la entrega total, hasta morir en la cruz.

Así, no se trata ya de un mandamiento que se nos ordena como algo imposible desde el exterior, sino de una experiencia de amor dada desde el interior, ahí donde ya te ha hablado y te ha amado Dios.

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