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No juzguéis y no seréis juzgados 
22 de Junio
Por Tomás González a.a.

Dijo Jesús a sus discípulos: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo” teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano” (San Mateo 7, 1-5).

COMENTARIO

¿Se dedica Jesús a dar buenos consejos a sus discípulos para que vivan en buena armonía? Es cierto que de entrada así suena. Pero seguramente quiere ir más lejos. No juzguéis para que no seáis juzgados. A nadie le gusta ser juzgado. Pero no es sólo que no nos agrade, es que va más lejos. El juicio pertenece a Dios, que ve lo invisible, que es capaz de sondear el corazón y las entrañas, es decir, leer la intención, que ni siquiera nosotros mismos sabemos leer tantas veces en nosotros mismos. Se trata, pues, de los derechos de Dios. Pero unos derechos que brotan de la realidad tal como ha sido determinada por él.

Porque cuando dice: la medida que uséis la usarán con vosotros, no es que esté estableciendo una especie de ley intrínseca de venganza, como si dijera: si sois crueles yo nombraré a uno que lo sea  con vosotros, porque alguien, no sabemos quién, vendrá a pagar lo que hayáis merecido. Pienso que no se trata de eso, sino que está advirtiéndonos de una especie de ley intrínseca de las cosas.  Como si hubiera un automatismo intrínseco: quien juzga a su hermano, es decir, quien rechaza el comportamiento de otro, está condenado a hacer lo mismo que rechaza en el otro. Por lo tanto no se trata de una venganza extrínseca sino intrínseca. Los ejemplos son fáciles de detectar: Si rechazas a un borracho porque bebe, estate atento, verás lo que tardas tú en comportarte igual que él. Quizá tú no bebes, pero fumas. No bebes, no te drogas con vino cerveza, pero te drogas con otra cosa: con hierbas, con alabanzas excesivas, inmoderadas, creyendo que tienes cualidades imaginarias con las que presumes, o mientes, o robas. Solamente que tu conducta la justificas de mil maneras, mientras la de tu hermano, la vituperas apoyado en otras mil razones. Por ello, sabiamente te dice el Señor: Quita primero la viga de tu ojo, luego podrás quitar la mota del ojo de tu hermano, ya no se tratará de juzgar sino de corregir. La corrección es un servicio de amor al prójimo, pero con ciertas condiciones: que haya esa claridad de visión que da la recta intención. Cuando hayas purificado tu ojo, es decir tu intención, cuando sea claro que no le corriges por espíritu de superioridad, que no te alegras de ver al otro caído en la falta, cuando quede claro que lo haces por su bien, y no sólo que así lo dices. Entonces no serás hipócrita sino hermano leal.  No juzguéis para no ser juzgados. No rechacéis para no ser rechazados.

Ya que Dios, Padre de Jesucristo, nos acepta como somos, sin juzgarnos, nosotros podemos aceptar a los demás, sin juzgarlos. Para eso es preciso dejar que Dios quite la viga de nuestro ojo. Entonces podremos amar como somos amados, aceptar como somos aceptados, vivir compartiendo lo recibido. No juzguéis.

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