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Las claves del cristianismo 
15 de Marzo
Por Juan Sánchez Sánchez

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil” tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehena” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo» (San Mateo 5, 20-26).

COMENTARIO

Estos días he releído el libro Sabiduría de un pobre, sobre san Francisco de Asís, de Eloi Leclerc. Me ha conmovido, porque es el cristianismo en estado puro. Francisco fue radical y no amigo de componendas y de interpretaciones personales. Y este evangelio me recuerda mucho la obra leída. Permitidme que recuerde un párrafo del final del libro: “El Señor nos ha enviado a evangelizar a los hombres… Evangelizar a un hombre es decirle: “Tú también eres amado de Dios en el Señor Jesús.” Y no sólo decírselo, sino pensarlo realmente. Y no sólo pensarlo, sino portarse con ese hombre de tal manera que sienta y descubra que hay en él algo de salvado, algo más grande y más noble de lo que él pensaba, y que se despierte así a una nueva conciencia de sí. Eso es anunciarle la Buena Nueva y eso no podemos hacerlo más que ofreciéndole nuestra amistad; una amistad real, desinteresada, sin condescendencia, hecha de confianza y de estimas profundas. Es preciso ir hacia los hombres. La tarea es delicada. El mundo de los hombres es un inmenso campo de lucha por la riqueza y el poder, y demasiados sufrimientos y atrocidades les ocultan el rostro de Dios. Es preciso, sobre todo, que al ir hacia ellos no les aparezcamos como una nueva especie de competidores. Debemos ser en medio de ellos testigos pacíficos del Todopoderoso, hombres sin avaricias y sin desprecios, capaces de hacerse realmente amigos. Es nuestra amistad lo que ellos esperan, una amistad que les haga sentir que son amados de Dios y salvados en Jesucristo.”

El cristianismo es revolucionario. Las bienaventuranzas, que no pueden cumplirse en nuestras fuerzas y limitaciones pero sí fiados del Amor de Dios, son el mensaje esencial de Cristo. Las más conocidas son las ocho pronunciadas por Cristo al iniciar el Sermón del Monte (Mateo 5, 3-11). En los capítulos 5, 6 y 7 del evangelio de Mateo se resumen las enseñanzas de Jesús, presentando un conjunto de ideales centrados en el amor y la humildad en lugar de la fuerza y la imposición. Y el evangelio de hoy está inmerso en este contexto, una llamada de atención para creyentes “perfectos” que tal vez olvidamos este cristianismo radical que se basa en el Amor incluso al enemigo: “Amad a vuestros enemigos y rogar por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener?” (Mateo 5, 44-46).

Perdón y reconciliación es otro de los grandes binomios que surge de este evangelio. En general, creo que tenemos que leer con el corazón este texto de Mateo, sobre todo porque no podemos ser hipócritas. El Señor nos ha elegido para ser hijos suyos y miembros de la Iglesia no porque seamos gente estupenda sino porque tenemos una misión: mostrar la Buena Noticia del Amor de Dios a esta generación. Y es un tesoro que llevamos en vasijas de barro, porque conocemos nuestra debilidad. Personalmente, desde hace muchos años tengo el gozo de saberme acompañado por Dios en mi camino, en mi historia, y que Él suplirá todo aquello que yo no pueda hacer. Pero sentirse amado de Dios es un privilegio, algo que no cambiaría por todos los bienes del mundo.

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