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¡No llores! 
18 de Septiembre
Por Rafael Luis Alcázar

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.

Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.» Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!»

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera (San Lucas 7, 11-17).

COMENTARIO

Me alegran en este día esas palabras tuyas Señor que siento como un gran consuelo: ¡No llores!

No tengo motivos para llorar porque tu estas en todo lo que me acontece cada día. Me siento muchas veces como esa pobre viuda que pierde a su hijo porque mi vida se distrae fácilmente de lo fundamental. La enfermedad, los problemas, las insatisfacciones y cualquier tipo de sufrimiento se transforman si lo “resucitas” Tú. Todo tiene un sentido nuevo cuando tu mano maestra toca el ataúd de mi vida que solo conduciría a la muerta y la nada si Tú no apareces y lo redimensionas a la Vida en mayúsculas que Tú me tienes predestinada.

Hoy me siento como esta madre y también como este hijo ambos necesitan de ti como yo para vivir este día de tu mano. Descansando en ti, con mi mente en un solo objetivo: hacer tu voluntad, unirme a ella sabiendo que me llevas de la mano en mi camino para ser hoy también testigo de que me quieres y de que caminas siempre conmigo.

¡BUEN DÍA CON EL SEÑOR!

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