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No me gusta como soy – Complejos y adolescencia 

Muchos complejos comienzan en la infancia y son conflictos psicológicos inconscientes, es decir, que permanecen fuera del campo de la conciencia, por lo que el pequeño no se da cuenta de que existen. Si en la mente del niño se produce uno de estos conflictos, que por su edad emocional es incapaz de racionalizar y asimilar psicológicamente de forma adecuada, la solución más sencilla para su mente infantil es rechazarlo y reprimirlo.

Este mecanismo de represión, que se produce de forma automática, es la forma más fácil de no afrontar el problema. Los niños, antes de los dos años de vida no pueden generar complejos porque no tienen desarrollado el pensamiento abstracto, es decir, sólo atienden a lo inmediato.

Los complejos que se generan en la infancia, están creando los cimientos para una posible perturbación de la personalidad en la adolescencia. Las vivencias en esta etapa de la vida irán posteriormente reforzando ese complejo.

Hoy día podemos afirmar que un complejo ocasiona un comportamiento conflictivo que le va a crear dificultades durante toda la adolescencia para establecer unas relaciones sanas y positivas con los demás, provocando problemas de adaptación en las áreas de conducta familiar, escolar y social.

En la adolescencia, los síntomas más frecuentes de una personalidad marcada por un complejo son inseguridad, timidez, angustia y agresividad. Por esto es tan importante la conducta de los padres o de un especialista para superar el problema antes de que se agrave más. Muchos estudios han demostrado la relación entre los complejos adolescentes y los trastornos adictivos con distintos tipos de drogas: alcohol, marihuana, cocaína, pastillas, etc.

Para prevenir la aparición de estos complejos, los padres deben fomentar la autoestima en sus hijos, y evitar comentarios del tipo: “vete con mamá, que la quieres más a ella”, “vete con tu padre, siempre quieres estar con él”, etc. Tanto el niño como el adolescente deben comprender que los dos le quieren por igual y que puede encontrar apoyo y ayuda en ambos. De esta forma se le ayuda a superar sus complejos, proceso absolutamente necesario para el desarrollo de su personalidad.

tipología y consecuencias

El complejo de inferioridad es el más frecuente. Para que tu hijo tenga un complejo de inferioridad no es necesario que posea un defecto físico. Su causa puede ser simplemente que en algún momento se ha sentido rechazado y esta experiencia ha marcado su personalidad.

Los complejos de inferioridad producen inhibición y retraimiento, dando lugar a que se vaya formando una personalidad tímida e insegura, con poca actividad social. Esto explica por qué hay adultos con una timidez e inseguridad exageradas, que llegan a pensar que su presencia molesta a los demás.

Detrás de un complejo siempre hay un sentimiento negativo que hace falta superar y que es muy fácil prevenir. Observa bien a tus hijos y podrás descubrir sus complejos para buscar la solución. En las investigaciones que se han hecho hasta hoy día, podemos afirmar que cada complejo produce unos síntomas concretos para poder identificarlos. Todos estos complejos pueden producir trastornos psicológicos en la adolescencia. Son los siguientes:

1.     Complejos físicos: dificultades escolares, problemas en la capacidad para el juego. Dificultades de adaptación social y en la personalidad.

2.     Complejos de su desarrollo motor: torpeza, sentimientos de inferioridad, celos hacia otros, resentimiento contra los adultos, rechazo social, timidez.

3.     Complejos del lenguaje: llanto excesivo, dificultades para la comprensión y para conversar, retraso del habla.

4.     Complejos por sus sentimientos: emocionalmente inestable o exaltado, timidez.

5.     Complejos del desarrollo social: soledad, inseguridad, introversión social, dependencia excesiva, inconformismo, prejuicios, conductas antisociales en la adolescencia, conformismo.

6.     Complejos de su adaptación social: soledad, inseguridad, infelicidad, autoconcepto desfavorable, afectación de la personalidad, hipersensibilidad, ansiedad, conformismo exagerado.

7.     Complejos por su dificultad para jugar: problemas en los trabajos escolares y en las relaciones familiares, dificultades en la motivación para adquirir conocimientos, actitudes o valores, trastornos en las conductas y en las creencias.

8.     Complejos por falta de creatividad: falta de motivación en los estudios, hacia las cosas nuevas, no le gusta intentar cosas difíciles, baja inteligencia, poca fantasía.

9.     Complejos por comprensión incorrecta: información inexacta, experiencias limitadas, credulidad, razonamiento defectuoso, pensamientos poco realistas, mala comprensión de las palabras, confusión mental.

10. Complejos por falta de claridad moral: cree que la disciplina y el castigo son sinónimos, dificultades para aprender conceptos morales, discrepancias entre la conducta y los conceptos morales.

11. Complejos por malas relaciones familiares: deterioro de las relaciones familiares, patrones familiares desviados, relaciones interpersonales problemáticas, sentimientos de inferioridad, inadaptación social.

12.  Complejos por una defectuosa formación de personalidad: autoconcepto desfavorable, egocentrismo, falta de reconocimiento social, inadaptación, conductas antisociales.

cómo reconocerlos

Es muy importante que los padres reconozcan la importancia de evitar los complejos, ya que van a influir mucho en la vida del hijo. Hay una serie de pautas que como padres, educadores o tutores, se deben tener en cuenta.

A) El crecimiento. Todo lo que se refiere a la evolución del cuerpo influye en la conducta infantil, determinando lo que el niño puede o no puede hacer e interviene también en su actitud hacia los demás y hacia sí mismo, afectando a su adaptación personal y social. La importancia psicológica que un niño dé al tamaño corporal, depende del modo en que los otros reaccionan ante él (“tú no juegas, que eres pequeño”). Por ejemplo, un niño con sobrepeso, puede observar una reacción negativa en los demás (“gordito, relleno, no puedes correr”).

B) La habilidad. Hay que fomentar en el niño o adolescente la adquisición de habilidades motoras como la rapidez y la agilidad, los trabajos de precisión, la fuerza y la constancia en todo lo que hace. Se debe procurar que los hijos no demuestren torpeza en ninguna actividad y, si la tienen, ayudarles a superarla. La sensación de torpeza produce daños psicológicos como sentimientos de inferioridad, celos de otros niños, resentimiento, rechazo social, dependencia excesiva, timidez, etc.

C) Mejorar su lenguaje. Su habilidad para hablar determina en gran medida su adaptación personal y social, a aprender a expresar sus necesidades y deseos, a obtener la atención de los demás y a facilitar la relación con ellos. El lenguaje influye mucho en la valoración que los demás hagan de él y en la autovaloración propia, su autoestima. Ello es determinante para su éxito académico, ya que si tiene desarrollado suficientemente su expresión verbal, puede influir en la conducta y los pensamientos de los demás.

D) Madurez emocional. La emoción más frecuente en la adolescencia es el temor y con él van asociadas una serie de conductas como la timidez y la vergüenza, la ansiedad, la preocupación, los celos, la ira, la aflicción y la curiosidad. El adolescente debe aprender a controlar sus emociones para aumentar su capacidad de aceptar las experiencias  desagradables y adaptarse a ellas. Conviene procurar siempre, como padres, que haya un clima familiar, en el que él pueda expresar tanto sus emociones positivas como negativas: esto es esencial para su evolución y adaptación personal y social.

E) Adaptación social. Los contactos sociales con otros niños, tanto fuera como dentro del hogar, son importantes para determinar si los niños serán sociales, asociales (introvertidos) o antisociales (gamberrismo, delincuencia). El contacto social le ayuda a aprender normas de comportamiento, es decir a distinguir entre qué conductas son tolerables y cuáles no.

F) El juego. Se trata de una experiencia importante de aprendizaje y no “una pérdida de tiempo”. Las formas de juego que más se deben fomentar son los juegos activos que se realizan de forma espontánea, como las dramatizaciones, los juegos constructivos, las fantasías, la música, las colecciones, las exploraciones y los deportes.

G) La creatividad. Al fomentar la creatividad se está incrementando su inteligencia, y la forma de hacerlo es que los hijos vean a los padres muy animados y participativos; que se sientan apoyados en los juegos de dramatización y construcción, los compañeros imaginarios, las fantasías, los juegos de humor, los cuentos, y que sobre todo les escuchen sus deseos y aspiraciones.

H) La comprensión. Fomentar su capacidad de comprensión aumenta su adaptación personal y social. Conviene tener en cuenta que la imagen que los hijos tienen de las personas y situaciones, depende mucho de la forma en que se les explique.

I) Relaciones familiares. Hay muchas conductas de los padres que pueden generar complejos en los hijos, como la sobreprotección, la tolerancia excesiva, el rechazo, el dominio, la sumisión,  la preferencia manifestada hacia alguno de los hermanos y las ambiciones que se tengan sobre su futuro.

J) Normas morales y valores. Las reglas concretas que se les hace respetar sirven para crear conceptos morales y establecer las bases del código moral que guiará su conducta. La disciplina va dirigida a modelar la conducta del hijo con patrones socialmente aprobados. Es importante que él tenga claro lo que está bien o mal, porque muchos sentimientos de culpa nacen de la poca claridad de estos conceptos. Que los hijos vean siempre que las creencias cristianas de los padres coinciden con el comportamiento de los mismos, y no están en contradicción.

J) La formación de la personalidad. Los factores más importantes que determinan la personalidad son muy diversos y van desde las experiencias tempranas, las influencias culturales, el atractivo físico, la inteligencia, las emociones, hasta el nombre, los éxitos y fracasos, la aceptación social y las influencias escolares y familiares. La valoración que el propio adolescente haga de todos estos puntos puede activar o anular un complejo. Por eso, es tan importante, reforzarles los sentimientos positivos hacia su persona y vencer los negativos.

cómo evitarlos

1.      Felicitarles por sus pequeños o grandes logros.

2.      Aceptar como algo normal y positivo las equivocaciones de los padres.

3.      Con frecuencia, dejarse ganar por ellos en los juegos, esto les dará seguridad, confianza y deseos de hacerlo mejor.

4.      Evitar siempre las frases negativas que pueden dañar su propia autoimagen (“Pedrito es mejor que tú”).

5.      Alabarle delante de otros niños, por lo que hace bien.

6.      Tratar de buscar cualidades positivas de su comportamiento y decírselas.

7.      Hacer comentarios positivos de ellos en la habitación de al lado, haciéndole creer que no sabéis que lo están oyendo (“Daniel se porta muy bien”).

8.      Cuando el hijo se compara a sí mismo con otros hermanos o amigos, destacar  aquello que él hace mejor.

9.      Como padres, trabajar siempre la propia autoestima. Esto siempre lo perciben los hijos.

10.    Hablar siempre bien el uno del otro en la pareja, que ellos tengan siempre una imagen positiva de los comentarios que se hacen del cónyuge (“mamá es maravillosa”).

11.    Hablar siempre bien de otros adultos o familiares. Es importante que tengan una imagen positiva de los demás.

12.    Manifestar afecto a la pareja siempre delante del hijo, así él podrá aprender expresiones afectivas que luego repetirá (“papá, te quiero mucho”).

13.    Ser capaces de aceptarse como se es: con los defectos y virtudes, para que ellos aprendan también a quererse a si mismos.

14.           Es importante que vean una coherencia de los padres entre lo que piensan y lo que creen. Yo no conozco nada mejor que educarles en la fe cristiana. Rezar juntos y compartir los mismos valores y creencias en Jesucristo es vivir una vida nueva.

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