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No os dejéis llamar maestro 
02 de Marzo
Por Ernesto Juliá

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.
Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido» (San Mateo 23, 1-12).

COMENTARIO

“Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos, haced y cumplid todo lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen”.

Estamos viviendo la Cuaresma y queremos hacerlo con la disposición que nos recomienda el Papa: “En este tiempo de conversión renovemos nuestra fe, saciemos nuestra sed con el “agua viva” de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo” (Mensaje de Cuaresma, 2021).

La Cuaresma nos invita a una profunda conversión, a renovar la conciencia de que somos hijos de Dios en Cristo Nuestro Señor, y vivir con Él su pasión, su muerte, para gozar con Él y en Él, la alegría y el gozo de la Resurrección.

Cuaresma es un tiempo precioso para renovar muestra Fe. Vamos a contemplar momentos de la vida de Cristo en los que su divinidad parece ocultarse. Vamos a oír el evangelio de las tentaciones en el desierto; vamos a contemplar a Jesús sediento sentado en el pozo de Sicar y pedir a la samaritana que le dé de beber, y le vamos a acompañar en el desprecio de los escribas y fariseos, que preparan su juicio y su muerte.

Al contemplarle así, el Espíritu Santo nos moverá a rezar, a ofrecer mortificaciones –ayunar de nosotros mismos, llevar con alegría las molestias que los demás nos pueden originar, tener paciencia con las indelicadezas del prójimo, llevar con paz un disgusto, etc…, pidiendo al Señor que cuide a su Iglesia, para que siempre transmita al mundo la Luz de Su Resurrección, y para que todos los que llevamos su nombre no demos escándalo a quienes no le conocen, a quienes le tratan mal.

A veces el Señor permite que en la Iglesia suframos tentaciones de Fe, de Esperanza, y de Caridad, ante la actuación de sacerdotes, obispos, religiosos, padres de familia, fieles corrientes, con los que compartimos nuestro vivir. Con sus obras, diciéndose católicos y defendiendo el aborto, la ideología de género, rompiendo su matrimonio, abandonando los Sacramentos, rechazando la Moral- niegan sus palabras y son motivo de escándalo.

Todos somos parte de esa Iglesia que Cristo fundó, y que el Espíritu Santo sigue guiando en su caminar por el mundo.  Recemos por ellos para que se corrijan, rectifiquen y se arrepientan de sus pecados. Nuestro Maestro es Cristo; y a Él hemos de seguir viviendo los Sacramentos de la Reconciliación y viviendo la Eucaristía, que nos darán la gracia para seguir siempre las enseñanzas que el Señor nos ha dado con sus palabras y su vida.

Hoy, y toda la Cuaresma, acordémonos de rezar a la Santísima Virgen y a san José, para que el Señor envíe a su Iglesia sacerdotes que ayuden, con su vida y con sus palabras, a todo el pueblo cristiano a mantenerse firme en la Fe, la Esperanza y la Caridad. Sacerdotes que estén dispuestos a dar un testimonio vivo de su Fe en su labor de cada día y, hasta el martirio, si fuese necesario. Sacerdotes que lleven siempre en el corazón, las palabras de Cristo que cierran este evangelio. Que no se busquen nunca a sí mismos; que deseen sólo dar gloria a Dios y servir a todos los fieles; que no se prediquen a ellos mismos, que sean altavoces vivos de la Palabra de Dios, de la Verdad que es Cristo.

“No os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

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