Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|lunes, agosto 19, 2019
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No sabéis pedir 

En muchas ocasiones, los que nos llamamos cristianos pedimos a Dios con verdadero entusiasmo, esperando que nuestras plegarias sean escuchadas enseguida. Pero constatamos que no siempre son atendidas las peticiones como deseamos y entonces sentimos hasta un cierto despecho. ¿Por qué no ha escuchado Dios mis ruegos? ¿Acaso no era algo importante lo que le pedía? Y así, metidos en nuestros pobres razonamientos, en nuestros mezquinos pensamientos, no podemos comprender. Nos erigimos acreedores de todos los favores del Omnipotente y estamos muy equivocados.

Conviene recordar aquí la carta de san Agustín a Proba, una religiosa. En este escrito, el gran Padre de la Iglesia nos enseña cómo debemos pedir y nos declara abiertamente que lo que debe demandar el cristiano es aquello que se contiene en el Padrenuestro, pues en esta oración están compendiadas todas nuestras necesidades, ya sean de orden material o espiritual. Pedir otras cosas, además de no ser perentorio puede alejarnos de la voluntad de Dios, de lo que Él quiere para nosotros. Porque ciertamente con no poca frecuencia pedimos para que se cumpla nuestra voluntad y no la suya, pues los humanos buscamos alejarnos del dolor, por eso solicitamos la ayuda del Altísimo, para que nos libre de aquello que humanamente nos hace sufrir, y esto es justamente lo que en ciertas ocasiones nos conviene.

No intento hacer con esto una apología del dolor —sería masoquismo— pero la misma Biblia nos instruye por medio del profeta Isaías cuando nos dice: “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes que vuestros planes”. Nos da a entender aquí que nuestra visión de las cosas es muy limitada, pero buscamos con frecuencia soluciones inmediatas, parches inútiles.

Por tanto, y resumiendo, se trata de pedir con libertad al Señor todo aquello que sea bueno, pero sometiendo siempre nuestras peticiones a su voluntad. De este modo será grata al Señor la oración y nos concederá cuanto nos convenga, siempre que oremos con confianza, piedad filial y perseverancia.

Isabel Rodríguez de Vera

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