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NO SÓLO DE PAN VIVE EL HOMBRE, SINO DE LA PALABRA DE DIOS: JESUCRISTO 
23 de Junio
Por Javier Alba

“Jesús hablaba a la gente del reino y sanaba a los que tenían necesidad de curación. El día comenzaba a declinar. Entonces, acercándose a los doce, le dijeron: “Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida; porque aquí estamos en descampado”. Él les contestó: “Dadles vosotros de comer”. Ellos replicaron: “No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente”. Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: “Haced que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno”. Lo hicieron así, y dispusieron que se sentaran todos. Entonces, tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos de trozos” (San Lucas 9, 11b-17).

COMENTARIO

“Jesús hablaba a la gente del reino y sanaba a los que tenían necesidad de curación.” Jesús no callaba, no “pasaba” de la gente, les hablaba, y no les hablaba de política ni de espectáculos: les hablaba del reino. Y no sólo les hablaba, sino que también les sanaba, les curaba, como el verdadero “médico”.

Viendo que atardecía y que estaban en descampado, sus apóstoles se preocuparon y quisieron ayudar a la gente separándoles de Jesús, y le dicen que despida a la gente para que busquen comida y alojamiento en los pueblos de alrededor. Pero Jesús les sorprende y les dice: “Dadles vosotros de comer”. Ellos le replican, se explican y le dicen que es imposible dar de comer a “toda esa gente”. Los apóstoles aplican la lógica del mundo y ven la realidad con los ojos del mundo, pero Jesús, el Hijo Único de Dios, lo ve con los ojos de la fe. Hoy, muchos dentro de la Iglesia ven esta Palabra con los ojos del mundo y la reducen a compartir los bienes con los demás, ¡cómo si la encarnación, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo tuviera como único fin solucionar los problemas socioeconómicos del mundo!

Pero Jesús les sorprende una vez más y les dice: “Haced que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno”. Es decir: haced pequeñas comunidades de hermanos. Y los apóstoles, sin entender nada, obedecieron y “lo hicieron así”. Y entonces Jesús, “alzando la mirada al cielo”, hizo el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Comieron todos, se saciaron y sobró. Esta es la economía del Reino de los cielos, que nada tiene que ver con la economía del mundo. El que haya sido tocado en su vida con el encuentro con Jesucristo, vivo y resucitado, y haya recibido el don de vivir su fe en comunidad, lo entenderá. Porque para eso ha venido el Hijo de Dios al mundo: no para hacer bocadillos, sino para alimentarnos con su cuerpo y su sangre y darnos la vida eterna.

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