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Nuestros tesoros serían abundantes 
2 de Agosto
Por Miguel Iborra Viciana

Reflexion, evangelio, hoy

El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. 
¿Comprendieron todo esto?”. “Sí”, le respondieron. Entonces agregó: “Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo”.
Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí (San Mateo 13, 47-53).

COMENTARIO

Jesús habla en parábolas, para ayudar, en el lenguaje de sus seguidores, a que sus palabras cobren vida. Muchos de sus discípulos eran pescadores que se pasaban la vida arrojando sus redes para capturar los peces. Así ellos podían entender el método de separar “lo bueno de lo malo”.

La tarea de la iglesia es la misión, representado a través de la pesca, a cargo de la responsabilidad de los discípulos pero la tarea de clasificación, imagen de la separación del mal del bien, se encomienda a los ángeles. Contra toda tendencia  sueña con una comunidad creyente de separados y puros, Jesús anuncia que el tiempo presente es la esfera de la tolerancia y de la paciencia sin tendencias discriminatorias. Por lo tanto, la tarea de la iglesia es la misión, no el juicio. Jesús termina su discurso con una pregunta: “¿Comprendieron todo esto?”. “Sí”, le respondieron Y somos nosotros los que hoy tenemos que responder positivamente porque como los discípulos nos hemos  convertido en los verdaderos “hijos del reino” que ahora poseemos  el tesoro y la preciosa perla.

La palabra de Dios, que es Jesús, se siembra en la tierra,  para hacerla germinar para que crezca  el pueblo de Dios. El último discernimiento entre el bien y el mal ya  opera en este mundo o la adhesión o  el rechazo de Cristo.

Si el Reino de Dios es un valor que siempre cotiza al alza, ya deberíamos llevar mucho tiempo invirtiendo en Él y nuestros tesoros serían mucho más abundantes.

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