Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|martes, junio 18, 2019
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Nuevos mártires en África 

Todavía está caliente la sangre de las víctimas de Lagore, Pakistán.  El balance, de momento, más de 70 cristianos muertos y 350 personas heridas. ¿El motivo? Eran cristianos, simplemente. Este genocidio que están padeciendo los cristianos en Pakistán,Siria, Irán ,Irak y otros países islámicos, también ha tocado recientemente a África. Recordemos  que a principios de este mes de marzo fueron asesinadas en Yemen cuatro misioneras de la caridad, las de la Madre Teresa de Calcuta, que no hacían sino ayudar a los pobres entre los pobres. Tres de las religiosas eran africanas y todas ellas se dedicaban a cuidar ancianos, que son actualmente los seres más desvalidos y por tanto necesitados de protección. Pero los terroristas no se conformaron con asesinar a las cuatro religiosas sino que al ver que la gente del entorno de las misioneras las defendía, no han dudado ni por un momento en hacer una masacre y asesinar a todo el personal que ayudaba en el asilo, incluyendo a los pobres ancianos. La ferocidad y la maldad demoníaca de estos terroristas no tiene límites, pero como siempre la opinión pública calla, apenas una ligera mención al hecho y nada más. Por lo visto los cristianos hemos venido a ser como dice san Pablo en una de sus cartas, la basura del mundo.

Las cadenas de televisión, algunas de ellas, tienen todo el tiempo del mundo para frivolidades sin cuento, pero las cosas serias no caben en sus programaciones. Así día a día van embruteciendo por dentro a sus oyentes. Desapareciendo poco a poco la sensibilidad de personas para convertirnos en seres que ni sienten ni padecen.

Sería interesante que nos informáramos acerca de la vida de estas personas que están dando su vida en aras de los más necesitados, y que con frecuencia viven lejos de sus familias para pertenecer a la otra familia, la de los desheredados, los sin techo, los enfermos desahuciados, los ancianos, los débiles. No estaría de más que alguna vez nos asomáramos a una de estas casas religiosas para ver cómo viven y ofrecerles nuestra ayuda y dar una palabra de aliento a los que se acogen bajo su amparo, los que sufren y están tan necesitados de apoyo, a los pobres entre los pobres. Cuesta tan poco darles la mano o mirarlos a los ojos y sonreírles…

                 Isabel Rodríguez De Vera

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