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Obispo chino acosado por la policía para que se someta a la iglesia patriótica 

Vincenzo Guo Xijin, obispo auxiliar Mindong, de la ‘Iglesia de las catacumbas’, “sufre el constante acoso de las fuerzas de seguridad chinas para que firme su adhesión a una ‘Iglesia independiente’ como requisito para contar con el reconocimiento del Gobierno”, informa AsiaNews.

La ‘Iglesia independiente’, ya sabemos, es la que asociación cismática controlada por el Partido Comunista que se creó en tiempos de Mao para quebrar la lealtad de los católicos a Roma y que ahora Roma, mediante acuerdos secretos muñidos por el ex cardenal pedófilo McCarrick y concluidos por el secretario de Estado, Pietro Parolin, reconoce como legítima, así como a sus sacerdotes y obispos.

El Vaticano ha querido presentar este acuerdo, cuyo alcance se desconoce, como un modo de salvar el cisma que divide a los católicos chinos desde hace décadas y permitir una relación fluida de Pekín con Roma pero, como ha denunciado numerosas veces el cardenal Zen, arzobispo emérito de Hong Kong, no parece ofrecer ventajas más que para el gobierno comunista, que sigue deteniendo fieles, derribando iglesias y coartando la libertad de culto de los fieles.

Guo Xijin es de los que se resisten a apuntarse a esa iglesia hasta hace poco cismática y, en cualquier caso, controlada por una administración confesionalmente atea. Pero no es fácil, porque al acoso policial se suma el hecho de que los funcionarios le recuerdan que eso “es lo que quiere el Papa”.

Hoy mismo el Papa ha tenido un recuerdo para los judíos perseguidos el siglo pasado, que lo fueron por un régimen paganizante que también mandó a los campos de concentración a numerosos sacerdotes y fieles católicos, diciendo que “los judíos son nuestros hermanos y no es humano ni cristiano perseguirlos”. Bien, nadie los persigue hoy, y es fácil, así, apuntarse a una causa tan popular y que solo puede cosechar aplausos. Pero hay unos hermanos, católicos chinos de su rebaño, que sufren a diario persecución por un implacable Estado totalitario, y ante cuyo drama el Papa -y la Curia entera- calla y mira hacia otra parte. No solo eso, sino que negocia en medio de sonrisas con sus propios perseguidores que, si hemos de creer a su canciller de la Academia Pontificia para las Ciencias, arzobispo Marcelo Sánchez Sorondo, no solo no son tiránicos sino que representan mejor que ningún otro la Doctrina Social de la Iglesia.

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