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Omella asegura que no va a Barcelona a «imponer nada» 

Juan José Omella, nuevo arzobispo de Barcelona

Poco después de que la Santa Sede comunicara que era el elegido por el Papa para suceder al cardenal Lluís Martínez Sistach al frente de la archidiócesis de Barcelona, Juan José Omella comparecía ante la prensa para pronunciar sus primeras palabras como arzobispo electo. Cercano y sencillo como siempre, no ocultó sentir «mucho miedo» ante el reto que se le pone delante, aunque puede «la ilusión» y «la alegría». Su disposición, como demostró allá por donde ha pasado, será la de «tender la mano, escuchar y aprender». De hecho, envió ayer una carta pública para todos los feligreses de la archidiócesis de Barcelona para anunciarles: «No vengo a imponer nada, vengo a ofreceros mi amistad y a abriros mi corazón».

Respecto a la cuestión catalana, ante los medios recordó que «sólo soy un pastor que va a pastorear la Iglesia y no un político que va a hacer política», dijo al ser cuestionado por la situación de Cataluña. En cualquier caso, añadió que en la Iglesia «hay gente de todos los pensamientos y condiciones». Con la prudencia que le otorga saber que hay sectores en Barcelona que no ven con buenos ojos que llegue a la sede episcopal más importante de Cataluña alguien de fuera, dice entender a los que hubiesen preferido un catalán, pero cree también que «la relación y el roce hace el amor». «Iremos haciendo camino», explicó.

Para Omella, los principales retos que tiene que afrontar tienen que ver con «secularización y la pérdida de fe», una circunstancia que afecta a todo el país; también con la familia, que es «la célula básica de la sociedad y a la que como Iglesia tenemos mucho que aportar». Por su dedicación a los temas sociales, citó también la problemática de los «jóvenes sin futuro», el paro o los inmigrantes. «La Iglesia no tiene una varita mágica por sí sola, pero juntos podemos hacer mucho. Hay que hacer una gran pacto contra la pobreza entre todos, por el bien común», afirmó.

En su comparecencia, Omella no evitó ninguna pregunta y habló con claridad de cuestiones polémicas como el litigio entre Barbastro y Lérida por los Bienes de la Franja o el escándalo en el Vaticano por la filtración de documentos reservados y que ha concluido con el arresto de un sacerdote riojano. Sobre la primera cuestión mantiene la misma postura de cuando era obispo de Barbastro: «Ya decía que quería que se cumpliera la sentencia, y ahora, como arzobispo de Barcelona, sigo queriendo igual que se cumpla».

Sobre el nuevo Vatileaks, Omella explicó que el Pontífice y la Iglesia siguen una línea de transparencia: «La transparencia es esencial, porque el dinero es de los donantes y es para lo que es, no es para chanchullos. Y el Papa está en esa misma línea».

Finalmente, el nuevo arzobispo de Barcelona tuvo palabras para la diócesis que deja, La Calzada-Logroño, según dijo, «que tanto quiero; me siento ya riojano».

Por su parte, el cardenal arzobispo, ya emérito, de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, valoró «muy positivamente» a su sucesor y destaca de él su «inquietud social». Sobre su condición de no catalán, Sistach recordó que «la elección de un obispo se ha de hacer con criterio pastoral, nunca político». Tras añadir que la misma sorpresa se podría aplicar a que el Papa sea argentino, subrayó que la Iglesia «no debe hacer política».

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