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ORACIÓN, SALUD Y DEMONIOS 
15 de Enero
Por Manuel Requena

Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.

La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella.

Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta.

Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración.

Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan.»

El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.»

Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios (San Marcos 1, 29-39).

COMENTARIO

En el primer capítulo de Marcos está concentrada toda la actividad y gracia de Jesús, con el estilo místico del evangelista que, casi en titulares, nos obliga a pensar y a poner imaginación cariñosa en su lectura, porque nos cuenta situaciones personales únicas, y nos abre las puertas al Misterio por su estilo de contrastes: El que es la Luz, se levanta cuando está oscuro. El que es la unión de todos los hombres en Dios y ha venido para eso, se escapa sólo, a un lugar solitario, para orar. El que ha venido para que todos le conozcan y hablen de Él, le prohíbe a los demonios que lo hagan para que no tengan el más mínimo lugar en su primera Iglesia a costa de su Nombre.

La suegra de Pedro es la primera mujer en Marcos que sirve a Jesús y los suyos en la Iglesia naciente. Fue la primera que sintió el contacto físico saludable de Jesús, que «tomándola de la mano, la levantó de la cama y la dejó la fiebre». Pero antes que ella, probablemente otra mujer —de quien no se nos dice ni el nombre en el Evangelio—, habló a Jesús de la enferma mientras ella estaba sirviendo. Era la esposa de Pedro, hija de la enferma. Nunca se dice nada de ella, pero allí estaba. Es la imagen de la Iglesia silente, que siempre sirve callando y siempre está ahí, escuchando, mediando por los demás, cuidando y apoyando con obras tan sencillas como limpiar, cocinar y preparar ropas que estarán luego  limpias adornando la imagen pública de Cristo y su Iglesia.

Los atardeceres en casa de Pedro, con su familia y esposa, fueron fecundos en verdad. Aquella humilde casa de pescadores se convirtió en centro de Cafarnaún y prototipo de la nueva Iglesia. Hasta María, la madre de Jesús, la visitó y estuvo allí unos días tras la boda de Caná (Jn 2,12). Seguro que se haría buena amiga de la esposa y la suegra de Pedro. Allí Jesús predicó, curó y manifestó su poder sobre los demonios.

¿Cuantos demonios habría en Cafarnaúm? Porque la actividad en echarlos, corregir y callar sus tropelías, como lo cuenta Marcos, fue constante. Su primer acto de Señor de todo, fue echar un demonio tremendo de un hombre, dentro de la sinagoga. Es admirable que aunque a veces gritan la verdad de Jesús antes y más fuerte que nadie, — ¡Tú eres el Santo, hijo del Dios Altísimo!—, este los manda callar por el secreto mesiánico. Y es que la verdad cruda, a destiempo y a gritos, es un látigo no siempre prudente.

Jesús, entre las primeras mieles de su misión, instauró los maitines, la oración de madrugada que Él practicaba seguro con José y María, y que consolidó para toda la Iglesia al resucitar y hacer en esa hora mañanera los primeros encuentros con las mujeres que lo buscaban.

Cuando hasta las calles cercanas a la casa de Pedro estaban llenas de gente que lo buscaban, Él se perdió a orar solo, y lo encontraron Simón y sus compañeros, también madrugadores y buscadores. Y es que buscar a Jesús será la pasión y la aventura del creyente. Lo que da sentido a su salida del Padre no fue hacer milagros, ni siquiera predicar, parece decir Marcos, sino conseguir que todos le busquen, cada uno a su modo y con su interés, pero esa es una esencia de su misión. Le dice Simón «todos te buscan». Y Él les responde «vámonos a otra parte,… que predique. ¡Que para eso he salido!», como diciendo: he salido para que todos me busquen. Y por eso predico  y hago milagros, porque el modo y esfuerzo de la búsqueda, será la medida del encuentro en el Reino.

Marcos no solo está contando lo que ocurrió, sino provocando a la búsqueda a toda la Iglesia hasta el fin de los tiempos. Por eso utiliza ahora para Jesús el término griego “anastás”, “se levantó”, que también usa luego para su Resurrección, porque cuando Marcos dice que “se levantó” y se fue a un lugar escondido, solitario, para hacer oración, nos está señalando un camino y técnica seguros para la búsqueda que acaba siempre en encuentro gozoso. Levantarse en la noche del alma, y buscar el lugar solitario del corazón donde nace el río de luz de la Palabra que después, hecho día de hoy, compartiremos con todos.

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